No entiendo la que se ha liado en Ripoll por la abstención de los dos concejales del PSC a los que el partido obliga a dimitir por haber permitido con su abstención que Sílvia Orriols apruebe los presupuestos, cuando la conclusión a la que llegaron el PSC y ERC hace poco más de un año, cuando Junts se descolgó en el último momento a sumarse a una moción de censura que iba a dar a los de Puigdemont la alcaldía, fue que más hubiera valido permitir con alguna abstención que se aprobaran las cuentas en Ripoll y evitarse dos meses de culebrón y exposición mediática de Orriols, tras los que las cuentas quedaron aprobadas.
No es lo mismo investir a un presidente o un alcalde ultra o votar leyes que castigan a los inmigrantes o recortan libertades que desencallar con una abstención unos presupuestos municipales, más cuando lo relativo a las ayudas sociales se decide en el consejo comarcal. Y es que si hay una diferencia en España entre la administración local y la de los gobiernos autonómicos o del gobierno central es que los ayuntamientos, si quedan bloqueados al no conseguir aprobar los presupuestos, no pueden disolverse y convocar elecciones.
El alcalde, cuando ve rechazada la aprobación de los presupuestos, tiene un mecanismo para evitar el bloqueo: la moción de confianza vinculada a la aprobación de los presupuestos. Es decir, el alcalde o alcaldesa al que el pleno le rechaza los presupuestos puede plantear una moción de confianza para que el pleno se posicione sobre su continuidad. Y, si la gana, los presupuestos quedan aprobados. Pero si la pierde no queda cesado. Se abre un plazo de un mes para que la oposición plantee una moción de censura con un candidato que tenga el apoyo de la mayoría absoluta. Y, si pasado ese mes no se ha presentado la moción, el alcalde o alcaldesa queda revalidado y los presupuestos aprobados. Así los aprobaron en Barcelona en diversas ocasiones estando en minoría Xavier Trías, Ada Colau y Jaume Collboni, ya que para ser desbancados hubiera sido necesario que partidos antagónicos pactaran candidatos de consenso.
Varios ediles reconocían el año pasado que más les hubiera valido una abstención para que se aprobaran los presupuestos
Orriols fue investida alcaldesa en 2023 con solo seis de los diecisiete concejales, al negarse Junts a apoyar un gobierno de coalición que tuviera la mayoría absoluta. Gobernando en minoría en 2024 prorrogó los presupuestos del anterior gobierno de Junts. Y en 2025, al serle rechazados, se arriesgó y presentó la moción de confianza a su continuidad que perdió. Pero tras semanas en que Ripoll y ella misma estuvieron en primera plana de los informativos, cuando Junts, ERC, PSC y la CUP habían pactado ya la moción de censura proponiendo a la concejal de Junts, Maria Soldevila, como alcaldesa, en el último momento Junts se echó atrás. Y, al no formalizarse la moción de censura, Orriols salió victoriosa revalidándose como alcaldesa frente a una oposición dividida, y los presupuestos aprobados.
En aquel momento, en público y privado, concejales de los diversos grupos, también del PSC y ERC, reconocieron que más les hubiera valido ahorrase el culebrón permitiendo con la abstención de algún concejal que se aprobaran los presupuestos.
Eso es lo que decidieron hacer la pasada semana los dos concejales del PSC para no regalarle a Orriols cinco o seis semanas de protagonismo, con el que posiblemente se victimizaría, para acabar alzándose de nuevo como vencedora ante una oposición que es incapaz de unirse para desbancarla.
Ciertamente la presencia de grupos como Vox o Aliança y sus propuestas disruptivas hace difícil la gobernabilidad y el alcance de mayorías. Por activa o por pasiva, la mayoría de partidos han cometido errores.
La CUP, por no desmarcarse de los escraches a carpas y mesas de Vox y Aliança que en ocasiones acaban con violencia y solo refuerzan a dichos partidos.
Junts, asumiendo algunas propuestas de Aliança, pactando en Manresa con el Front Nacional, partido con el que Orriols saltó a la política, o ganándose en Vic a Josep Anglada, que esta legislatura ha sido el comodín fácil para conseguir la mayoría en muchas votaciones, u oponiéndose en 2023 en Ripoll a un gobierno de coalición, con lo que hizo grande a Orriols.
Pero el PSC, desde que la ultraderecha irrumpió en Catalunya a nivel municipal con Josep Anglada, también ha cometido notables errores. Y ahora se ha enredado en su propio cuello con el cordón sanitario.


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