Xavier Rius Sant, La Vanguardia lunes 2 de febrero de 2026
La última ronda de las negociaciones de paz para Ucrania volvió a encallarse por la exigencia de Rusia de hacerse con el control de todo el Donbass, incluido ese 20% de Donetsk que no ha conquistado. Ucrania ha dejado claro que no se retirará de ese territorio que conserva gracias al sacrificio de miles de soldados. Zelensky acepta un armisticio manteniendo la línea del frente actual en el Donbass y da por perdido el territorio ocupado en Zaporiyia y Jersón, pero rechaza retirarse de esa parte del Donbass.
Trump presiona a Ucrania para que acepte los términos propuestos por Rusia con la amenaza de retirarle definitivamente el apoyo militar, de inteligencia y tecnológico, con lo que las tropas quedarían ciegas en esta guerra de drones y misiles. Y para conseguir la claudicación de Ucrania, Rusia ha intensificado los ataques a infraestructuras energéticas dejando a millones de personas sin luz ni calefacción.
Si miramos los mapas de estos cuatro años vemos como, sin avanzar Rusia mucho en el Donbass, cuyas milicias separatistas ya controlaban grandes extensiones, se hizo con el control de parte de las regiones de Járkov, Sumy, llegando casi a sitiar la capital, donde las tropas rusas fueron derrotadas. Pero Rusia también atacó en el sur de Mariúpol a Jersón en la costa del Mar Negro, quedándole a Ucrania solo la zona costera de Odesa y parte de Jersón en la desembocadura del Dniéper. Así pues pese a los lentos que son ahora los avances rusos en Donetsk, si Ucrania pierde el apoyo militar y el uso de satélites de Estados Unidos, con la población cansada y padeciendo un frío, no está claro que en el caso que Rusia inicie una ofensiva en el sur para apoderarse de Odesa, Ucrania pueda parar el envite, con lo que perdería su única salida al mar. Así pues se encuentra en la encrucijada que si persiste rechazando las exigencias de Putin sobre Donetsk, continúe la guerra y no sólo pierda más territorio en el Donbass, sino que también Odesa y su única salida al mar.
Comparo el mapa de los frentes de Ucrania con los mapas de Palestina, porque los palestinos con argumentos legítimos como que ellos siempre vivieron allá, rechazaron el Plan de Partición de la ONU que les otorgaba el 50% del territorio. En la primera guerra de 1947 Palestina no sólo perdió más de la mitad de ese 50% que le daba la ONU, sino que cientos de miles de árabes tuvieron que abandonar sus tierras y pueblos. Así se instauró un nuevo mapa, vigente entre 1949 y 1967 con Gaza parcialmente tutelada por Egipto y Cisjordania por Jordania. Pero después con nuevas guerras que perderían los palestinos, Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental fueron ocupadas por Israel que llegó a establecer cerca de cien mil colonos.
Los acuerdos de Oslo fracasaron en parte por el asesinato de Isaac Rabin, la irrupción de la Segunda Intifada y el ascenso de Hamás, ante una OLP inoperante. Y se decía que los palestinos no perdían la oportunidad de perder todas las oportunidades. El mapa de hace tres años era de una Cisjordania cuarteada con muros y puestos de control que junto a Jerusalén Oriental albergaba ya seiscientos mil colonos. Llegaron los Acuerdos de Abraham que daban toda Gaza y menos de un 20 por ciento de una Cisjordania a la futura entidad palestina, que descarrilaron por la ofensiva del 7 de octubre.
Y el mapa actual es ya el de Gaza arrasada y empequeñecida por una nueva franja de seguridad, mientras pueblos y tierras palestinas de Cisjordania son arrasadas cada día por colonos armados. El riesgo que corre Zelensky ahora, si pierde el apoyo de Trump y rechaza el acuerdo es que pese a que Putin no pueda tomar Kyiv, el mapa resultante sea, como ocurre a los palestinos, mucho peor del actual.

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