dimarts, 29 d’abril de 2014

LA ULTRADERECHA QUE VIENE; PUBLICO EN EL PAÍS


TRIBUNA

La ultraderecha que viene

El verdadero peligro procede de formaciones de centro y de esa izquierda desorientada que asumen parte de esos discursos que llevaron a Europa al totalitarismo y a la guerra

El 30 de marzo fue el Frente Nacional de Marine Le Pen, el partido de ultraderecha, el que tuvo unos excelentres resultados en las elecciones municipales francesas. El 6 de abril fue en Hungría, donde el neonazi Jobbik consiguió el 21% de los votos en las legislativas. El Jobbik, a diferencia del Frente Nacional, no maquilla su discurso, es claramente antisemita y antigitano y reivindica episodios e ideas del régimen nazi de la Cruz Flechada, responsable del exterminio de cientos de miles de judíos. El ascenso electoral de los partidos xenófobos contamina en muchos países al resto de fuerzas políticas. Es el caso de Francia donde, antes Nicolas Sarkozy y ahora los mismos socialistas, han asumido implícitamente algunos elementos del discurso de la ultraderecha, proponiendo medidas condenadas al fracaso como la expulsión de gitanos rumanos o búlgaros. En Hungría el partido gobernante, el conservador Fidesz, de Viktor Orbán, no sólo recorta las libertades y comparte con Jobbik algunas propuestas, sino que en nombre de una supuesta necesidad de renacer de la nación húngara y de recuperar su lugar en Europa, dio derecho al voto estas elecciones a las minorías húngaras de Serbia, Eslovaquia o Rumanía. Medida que recuerda las ideas expansionistas de Hitler en Polonia o Checoslovaquia en defensa de un espacio vital.
El ascenso de estos dos partidos de ultraderecha es una confirmación de que, tal como anuncian las encuestas, la ultraderecha puede duplicar o triplicar sus escaños en las próximas elecciones europeas con un discurso contrario a la inmigración, reivindicando la recuperación del control de las fronteras nacionales, y proponiendo la salida del euro y la Unión Europea. Una Unión que se ideó tras la barbarie nazi, precisamente, para evitar nuevas guerras. Así en 1951 se creó la Comunidad Económica del Carbón y del Acero que daría paso al Mercado Común, y más tarde a la Unión Europea. Una Unión en la que los estados cedían parte de su soberanía económica, monetaria y de fronteras, con unos ciudadanos amparados por la Carta de Derechos Fundamentales de la UE. Y tanto el Frente Nacional francés como el Jobbik húngaro, no sólo cuestionan las libertades fundamentales que reconoce la Carta y desean recuperar el poder de gestión de la economía cedido a la UE, sino proponen la salida de la misma, la recuperación del las fronteras y convierten en enemigos a los inmigrantes, sobre todo los musulmanes, y a los gitanos, señalándolos como una amenaza para Europa.
 Marine Le Pen ha querido dar una imagen
 de moderación distinta que la ofreció su padre

Ciertamente no todos los grupos de ultraderecha son iguales. Tres son las tendencias o familias de la ultraderecha europea. Unos, como el Jobbik húngaro o Amanecer Dorado de Grecia, no maquillan su discurso neonazi. Otros, como el Partido por la Libertad del holandés Geert Wilders o la misma Marine Le Pen, enfocan sus críticas a la pérdida de soberanía a causa de la integración europea y piden la salida de buena parte de la inmigración, rechazando con más énfasis la islámica. Por último, otros como el UKIP británico, enfatizan más las tesis eurófobas. Afortunadamente España será una excepción y parece que no habrá ninguna candidatura ultra que consiga escaño en Estrasburgo.
Plataforma X Catalunya, que obtuvo 67 concejales en 2011, no piensa presentarse y afronta una serie de avatares judiciales en relación a la reciente expulsión de su líder, Josep Anglada. Y las cinco candidaturas o coaliciones que se han presentado, La España en Marcha, Democracia Nacional, Falange de las JONS, Movimiento Social Republicano e Impulso Social, no ocultan una ideología franquista, ultracatólica o nacional-revolucionaria, con la que difícilmente conseguirán calar en el electorado. Y por más que en la lista de VOX haya candidatos de pasado ultra —como es el caso de Pablo Barranco, que fue secretario general de Plataforma per Catalunya—, dicha candidatura no puede equipararse a la ultraderecha europea, dado que no hace propuestas xenófobas ni eurófobas.
Es evidente que el Frente Nacional actual, no es igual que el Jobbik húngaro o Amanecer Dorado, y Marine Le Pen ha querido dar una imagen de moderación distinta que la ofreció su padre. Pero hasta hace un año el número tres del Frente Nacional, el eurodiputado Bruno Gollnisch, era presidente de la Alianza Europea de Movimientos Nacionales, de la que forma parte el Jobbik húngaro. Y sigue formando parte del Frente Nacional su fundador, Jean Marie Le Pen, que fue condenado en 2008 por minimizar el nazismo, en 1998 por negar la igualdad de las razas humanas y en 1989 por cuestionar la existencia de las cámaras de gas. Y gracias al liderazgo fuerte de su hija ha conseguido aglutinar a personas de ideas antisemitas con islamófobos que consideran Israel el baluarte de Occidente.
Es una realidad que el espacio ciudadano y económico europeo no es actualmente como se soñó. Pero las propuestas de la ultraderecha eurófoba son inviables y acarrearían grandes costes económicos y comerciales a corto y medio plazo. Es posible que la Unión Europea se precipitara al pactar el ingreso de Rumanía y Bulgaria sin plantear previamente unas políticas de integración de sus comunidades gitanas que, tras la caída de comunismo, se convirtieron en el chivo expiatorio de sus incipientes democracias, retornando dichos ciudadanos a formas de vida endogámicas y a un nomadismo que, gracias a la libertad de circulación europea, multiplicó por diez la distancia geográfica en la que se movían sus antepasados. Pero una cosa es reconocer la problemática derivada del asentamiento de miles de gitanos rumanos en Francia, Italia o España, y otra hacer de ello bandera electoral, sin más propuestas que presionarlos para que se marchen de una ciudad y se instalen en otra a cuatro horas de autopista.

 Manuel Valls destacó como ministro del Interior por las expulsiones de gitanos rumanos o kosovares

De la misma manera, una cosa rechazar es el papel de ciertos imanes salafistas, y discrepar de interpretaciones del islam contrarias a la interculturalidad y la laicidad, y, otra, la islamofobia étnica que criminaliza a millones de personas por su origen y les empuja a encerrarse en el gueto como reacción a una sociedad que los estigmatiza o los criminaliza.
La cuestión que debe preocupar no es únicamente que en Francia el Frente Nacional haya ganado en 11 ciudades, sino que la derecha o la misma izquierda asuman parte de sus tesis. Manuel Valls ahora primer ministro, destacó como ministro del Interior por las expulsiones de gitanos rumanos o kosovares, generando tormentas mediáticas que legitimaron su discurso de dureza, por más que dichas medidas sean poco o nada eficaces sino van acompañadas de un pacto europeo para afrontar la situación de marginalidad de dichos colectivos.
El peligro de la Europa que se unió para evitar nuevas guerras y nuevos fascismos no vendrá únicamente de 35 o 50 eurodiputados ultras. El peligro es ese centro y esa izquierda desorientada que, dudosa de las herramientas y estrategias para dar un giro a las políticas económicas, asume parte de discurso de quienes añoran o proponen ideas o valores de quienes llevaron a Europa al totalitarismo y la guerra. Y asumiendo en parte dichas propuestas, hacen de ciertos colectivos el chivo expiatorio de problemáticas complejas.

Xavier Rius es periodista y autor de diferentes libros y estudios sobre ultraderecha

2 comentaris:

  1. Una matización que parece no haberse dado cuenta, señor Rius Sant, (ni usted ni todos los que hablan de la "ultraderecha"), cuando dice "el peligroso ascenso de la ultraderecha", parece que lo dice como si esta gente llegase de la nada o den un golpe de estado y por eso están ganando fuerza.
    Pero la realidad, Xavier, es que están ascendiendo por que la gente los vota, sí parece un poco tonto y obvio lo que estoy diciendo, pero es así.
    Los partidos anti-inmigración, si están ganando votos, será por que los europeos no quieren inmigración, ¿nunca se ha planteado eso? (sí, aún son una minoría, un minoría que irá creciendo).
    Usted, como una parte de los racistas antiblancos, tendrá en su cabeza un paraiso de color rosa con unicornios y nubes con forma de corazón donde todos somos hermanos.
    Pero le voy a contar una cosa, cuando eramos niños y estabamos en el colegio, yo a lo mejor me peleaba con otro niño por que nos llevabamos mal, entonces, venía la profesora y nos decía lo típico: "TENEIS que ser amigos y llevaros bien, y ahora poneros a jugar", ¿sabe qué?, a los 2 minutos ya nos estabamos pegando otra vez.
    Ni usted, ni los políticos, ni los racistas antiblancos, ni nadie, puede obligar a la gente a llevarse bien, ni a convivir, la convivencia obligada sólo tre problemas.
    A los europeos no se nos preguntó si queriamos convivir con otras personas, y esto va a terminar muy mal. Usted dirá lo típico, que soy/somos unos nazis, unos racistas, unos xenófobos, pero la realidad es que el racismo del siglo XXI, el racismo legal, es el racismo antieuropeo, sólo los blancos tienen que convivir con otros, sólo los europeos tienen que ser ONGs, contra la voluntad de sus ciudadanos.
    Dirá que es un "peligro contra la democrcia" pero no hay mayor democracia que donde los ciudadanos puedan decidir que hacer con su país (y a mi Esppppppaaañññññña me la pela), si los europeos votan partidos anti-inmigración es por que están ejerciendo su libertad, y negársela si que es algo fascista.

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  2. ¿Qué quieres decir con "islamofobia étnica"? Esta expresión te la has inventado tú. Si ponemos "islamofobia étnica", con los dos pares de comillas (es importante incluirlas) en la barra Google y damos la orden, sólo aparecen seis resultados, y todos ellos se refieren a paridas mentales de Xavier Rius Sant (tú mismo) porque sólo de éste vienen. No tiene ningún sentido esta expresión que te inventas. Porque si lo que quieres decir es que el islam es una raza, estás totalmente equivocado, y los musulmanes pueden pertenecer a todas las razas del mundo. El islamófobo, entendida esta palabra como "quien teme al islam" (que es como debería entenderse), NO ES UN RACISTA, que es lo que tú insinúas con la expresión que te inventas. Sencillamente, es alguien que tiene miedo al islam y a los musulmanes, y es totalmente injusto que haya quienes, como tú, consideren delito el tener miedo de algo o a alguien y por consiguiente criminalicen a los islamófobos. Temer a algo/alguien no es un delito, falta, infracción o pecado. Y si se teme al islam y a sus adeptos, ES POR ALGO, por algo bien justificado, por lo que tampoco es una anomalía psíquica, sino al contrario, un signo de buena salud mental. Fíjate como nadie tiene miedo de los budistas, de los cristianos o de los taoístas, por poner unos ejemplos, y en cambio del islam y los musulmanes, sí. Deberías reflexionar acerca del motivo de ello, y tratar de ver el islam como lo que realmente es, en vez de verlo como a ti te gustaría, o como mejor casa con tus creencias en la religión del pacifismo y humanismo, con sus dogmas como que el “hombre es bueno por naturaleza”, “la humanidad está evolucionado y al final todo será un mundo de paz, amor y unidad”, y otros por el estilo.

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