Luc André Diouf i Ignacio Garriga, dos nous diputats amb propostes contraposades de gestionar la immigració i els refugiats
Opinions, anàlisis, informacions i notícies sobre immigració, ultradreta, drets humans, seguretat, gihadisme i política internacional, en aquests temps d’incerteses. També escric sobre el Moianès i política catalana (contacte:xrius1@gmail.com)
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dimarts, 30 d’abril del 2019
VÍDEO AL TRIANGLE ANALITZANT RESULTATS DE VOX I COMPARANT DIPUTAT IGNACIO GARRIGA DE VOX I LUC ANDRÉ DIOUF, QUE VA VIURE A CANÀRIES SENSE PAPERS, ARA RESPONSABLE DE POLÍTICA DE REFUGIATS DEL PSOE.
Luc André Diouf i Ignacio Garriga, dos nous diputats amb propostes contraposades de gestionar la immigració i els refugiats
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Xavier Rius
dimarts, 22 de maig del 2018
ELS POPULISMES I LA TEORIA DE LA FERRADURA. Analitzo al Periódico el pacte a Itàlia entre la Lliga Nord i els populistes del Moviment 5 Estrelles
Xavier Rius, El Periódico, 22 de maig de 2018
Frente a la concepción del espectro político que se refleja en los
gráficos semicirculares de resultados, en los que a la izquierda se
ubica a los partidos de izquierda, en el centro a los centristas, y en
el lado derecho a los conservadores, con la extrema derecha en el
límite, existe la "teoría de la herradura", según la cual la extrema derecha y la extrema izquierda no están alejadas una de otra, sino que al ser el gráfico, no un semicírculo sino una herradura,
están de hecho muy cerca. Cercanía que ya no se manifiesta con el
cuestionamiento del sistema parlamentario, sino en la asunción del
populismo.
"La facilidad con la que 5 Estrellas ha aceptado propuestas xenófobas de la Liga Norte muestran que ambos pueden acabar siendo lo mismo"
Cuando surgió Podemos, en el 2014, se hicieron
estudios comparativos del programa de esta nueva formación con las del
partido ultraderechista recientemente disuelto, Movimiento Social Republicano.
Y ambas formaciones coincidían en numerosos aspectos, no únicamente
económicos. Las discrepancias eran absolutas en su visión del fenómeno
migratorio y la plurinacionalidad. Pero en materia económica y el
rechazo a la clase política, coincidían.
Los periodistas que llevábamos años siguiendo a Plataforma por Catalunya y a su fundador, Josep Anglada, nos sentimos impactados en el 2014 al aparecer Pablo Iglesias con su mantra contra la casta política. Tuvimos este choque porque Anglada desde el 2008 cargaba en todas sus intervenciones contra "esta casta política podrida". Algo que también hacía el joven Iglesias. El término 'casta política', como manera despectiva de descalificar a los partidos, se popularizó en Italia en el 2007 con el libro 'La casta. Cómo los políticos italianos se han vuelto intocables', escrito por los periodista Gian Antonio Stella y Sergio Rizzo.
Cuando surgió en Italia, enel 2009, el Movimiento 5 Estrellas impulsado por el cómico Beppe Grillo,
que se presentó como un movimiento ecologista, favorable a la
democracia directa, contrario a la corrupción y euroescéptico, se
debatió sobre si era de izquierdas o de derechas. Y
pese a repetir sus impulsores que no eran de derechas ni de izquierdas,
sus ideas calaron más entre los jóvenes y entre los votantes de
izquierdas. Pero fue con su llegada al Parlamento Europeo y su ingreso en el mismo grupo que el UKIP británico y los racistas de Alternativa por Alemania,
en el que todavía permanecen, cuando quedó claro que fuera o no su
ideología de ultraderecha, sí lo eran sus afinidades y su visión de
Europa. Por ello no debe sorprender que en Italia el Movimiento 5 Estrellas haya llegado a un acuerdo con la xenófoba Liga Norte para
gobernar. Era de esperar que coincidieran en políticas económicas de
desobediencia a Bruselas y el acercamiento a Rusia. Pero la facilidad
con la que los antisistema han aceptado propuestas xenófobas como las
manos libres para expulsar a medio millón de inmigrantes o la pretensión
de obligar a que los imanes hagan sus prédicas en italiano en lugar de
árabe, muestran que este socialpopulismo antisistema italiano y la
ultraderecha, aunque vengan de polos distintos, pueden acabar siendo lo
mismo.
Leer en castellano en El Periódico
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Xavier Rius
dimecres, 20 de juny del 2012
RECOMANO AQUEST ARTICLE DE SAID EL KADAOUI SOBRE L'ISLAM I POLÍTICA
Recomano aquest article de Said El Kadaoui al Periódico
La socialdemocracia debe ser una alternativa a los movimientos islamistas, no su aliada
Saïd El Kadaoui
Quien escribe estas líneas tiene ideas políticas. Cree que la socialdemocracia –es decir, visión progresista de la sociedad, participación ciudadana en la cosa pública e inclusión de las minorías sociales– es la opción política que mejor puede garantizar la justicia social. Y observa con
preocupación la confusión, por no decir miedo, con que la socialdemocracia y la izquierda en general se relacionan con el islam político.
Una primera idea básica debería ser, a mi juicio, el punto de partida: el islam político es, en el mejor de los casos, un adversario político para la socialdemocracia. Y cuando cruza las líneas rojas con propuestas que cuestionan la organización democrática de la sociedad deja de ser un adversario y se convierte directamente en un enemigo a combatir.
Boualem Sansal,el escritor argelino, sostiene que el islamismo es una forma de fascismo. Partiendo de esta premisa es más fácil blindarse ante él como se hace con los partidos xenófobos (o quizá sería más exacto decir «como se hacía antaño») porque, no lo olvidemos, los radicales –salafistas et alter – son tan intransigentes o más que los xenófobos (odian a la mujer, a los homosexuales, a los no musulmanes y mucho más a los musulmanes laicos y a los ateos, y toleran como impuros a todos aquellos musulmanes que practican su religión de forma más relajada).
En un reciente artículo, Félix de Azúa ( Decadencia del intelectual demócrata, El País, 29 de mayo) reseñaba elogiosamente el último libro de Paul Berman, un ensayo que, según Azúa, denuncia las trampas del progresismo que celebra, en virtud de la equidistancia, postulados islamistas como los de Tariq Ramadan , un ortodoxo que aprecia la modernización y la considera compatible con la religión coránica.
Estaría de acuerdo con Berman (siempre a través de Azúa , puesto que no he tenido oportunidad todavía de leer su libro) en que Ramadan tiene una estudiada ambigüedad sobre temas como la lapidación por adulterio o la ablación, por ejemplo. A mi parecer, Ramadan es un encantador de serpientes peligroso. No creo que sus ideas tengan que ser defendidas, protegidas y mucho menos asumidas por la socialdemocracia.
Mario Vargas Llosa es otro de los intelectuales que han criticado en más de una ocasión el silencio o el poco empeño que a su juicio ha puesto la izquierda en defender la democracia ante las embestidas del islam más retrógrado.
Cito a estos autores y no a muchos otros que han escrito sobre el tema porque a estos dos los admiro y porque pienso que la izquierda no puede despachar a la ligera sus opiniones, pero lo hago también porque son dos intelectuales con algunos de cuyos planteamientos políticos discrepo profundamente. En el tema que nos ocupa hoy, me llama la atención, entre otras muchas cosas, que ambos elogien tan desmesuradamente a Ayaan Hirsi Ali, que, aun siendo una mujer extremadamente valiente, independiente y admirable, tiene ideas sumamente estereotipadas del islam, al que presenta todo él como una ideología tribal. Más interesantes me parecen las opiniones mucho más contrastadas y rigurosas de dos intelectuales como Fatima Mernissi y Nawal El Sadawi (cito a estas dos autoras porque tienen obra traducida al catalán y al castellano), cuyos textos no dejan duda de su adscripción en la izquierda política pero que no necesitan cargarse el islam como religión.
Me encuentro entre los que en su momento creyeron que la elección como parlamentario de un socialista catalanomarroquí, Mohamed Chaib, contribuiría a clarificar y fortalecer el discurso de la izquierda con respecto al islam. Me equivoqué. Su paso por el Parlament y por el PSC ha sido, en este sentido, decepcionante. Algún día habrá que hacer un balance más frío y riguroso, pero lo cierto es que dio cancha al conservadurismo más recalcitrante de muchos de los marroquís y árabes que viven en Catalunya, no diferenció entre el islam como religión de muchos catalanes del islam político, y siempre se relacionó más cómodamente con la oficialidad de sus países de origen que con su sociedad civil.
La socialdemocracia tiene que ser una alternativa al islam político. No su aliada. Y debe establecer lazos con los partidos de izquierda (haberlos, haylos) que llevan decenios luchando en todos los países amazigs –árabes, árabes y/o musulmanes– para tener una sociedad donde el laicismo sea la norma y donde no se regatee ningún derecho a la mujer, a los homosexuales y a todos los credos religiosos.
Es conveniente recordar también que muchos de los que critican hoy la relación de la izquierda europea con el islam pretenden negar el pan y la sal al islam como religión de muchos europeos. Creo que incluso a nivel estratégico es mejor olvidarnos de nuestras propias filias y fobias (la religión, para mí, es algo totalmente prescindible) y no dar cancha a los radicales que, en un contexto de rechazo generalizado al islam, pueden aparecer como los únicos que no se pliegan ante dicho rechazo.
Psicólogo y escritor.
DIMECRES 20 DE JUNY DE 2012
LA IZQUIERDA Y EL ISLAM POLÍTICO, La religión el en debate público
La socialdemocracia debe ser una alternativa a los movimientos islamistas, no su aliada
Saïd El Kadaoui
Quien escribe estas líneas tiene ideas políticas. Cree que la socialdemocracia –es decir, visión progresista de la sociedad, participación ciudadana en la cosa pública e inclusión de las minorías sociales– es la opción política que mejor puede garantizar la justicia social. Y observa con
preocupación la confusión, por no decir miedo, con que la socialdemocracia y la izquierda en general se relacionan con el islam político.
Una primera idea básica debería ser, a mi juicio, el punto de partida: el islam político es, en el mejor de los casos, un adversario político para la socialdemocracia. Y cuando cruza las líneas rojas con propuestas que cuestionan la organización democrática de la sociedad deja de ser un adversario y se convierte directamente en un enemigo a combatir.
Boualem Sansal,el escritor argelino, sostiene que el islamismo es una forma de fascismo. Partiendo de esta premisa es más fácil blindarse ante él como se hace con los partidos xenófobos (o quizá sería más exacto decir «como se hacía antaño») porque, no lo olvidemos, los radicales –salafistas et alter – son tan intransigentes o más que los xenófobos (odian a la mujer, a los homosexuales, a los no musulmanes y mucho más a los musulmanes laicos y a los ateos, y toleran como impuros a todos aquellos musulmanes que practican su religión de forma más relajada).
En un reciente artículo, Félix de Azúa ( Decadencia del intelectual demócrata, El País, 29 de mayo) reseñaba elogiosamente el último libro de Paul Berman, un ensayo que, según Azúa, denuncia las trampas del progresismo que celebra, en virtud de la equidistancia, postulados islamistas como los de Tariq Ramadan , un ortodoxo que aprecia la modernización y la considera compatible con la religión coránica.
Estaría de acuerdo con Berman (siempre a través de Azúa , puesto que no he tenido oportunidad todavía de leer su libro) en que Ramadan tiene una estudiada ambigüedad sobre temas como la lapidación por adulterio o la ablación, por ejemplo. A mi parecer, Ramadan es un encantador de serpientes peligroso. No creo que sus ideas tengan que ser defendidas, protegidas y mucho menos asumidas por la socialdemocracia.
Mario Vargas Llosa es otro de los intelectuales que han criticado en más de una ocasión el silencio o el poco empeño que a su juicio ha puesto la izquierda en defender la democracia ante las embestidas del islam más retrógrado.
Cito a estos autores y no a muchos otros que han escrito sobre el tema porque a estos dos los admiro y porque pienso que la izquierda no puede despachar a la ligera sus opiniones, pero lo hago también porque son dos intelectuales con algunos de cuyos planteamientos políticos discrepo profundamente. En el tema que nos ocupa hoy, me llama la atención, entre otras muchas cosas, que ambos elogien tan desmesuradamente a Ayaan Hirsi Ali, que, aun siendo una mujer extremadamente valiente, independiente y admirable, tiene ideas sumamente estereotipadas del islam, al que presenta todo él como una ideología tribal. Más interesantes me parecen las opiniones mucho más contrastadas y rigurosas de dos intelectuales como Fatima Mernissi y Nawal El Sadawi (cito a estas dos autoras porque tienen obra traducida al catalán y al castellano), cuyos textos no dejan duda de su adscripción en la izquierda política pero que no necesitan cargarse el islam como religión.
Me encuentro entre los que en su momento creyeron que la elección como parlamentario de un socialista catalanomarroquí, Mohamed Chaib, contribuiría a clarificar y fortalecer el discurso de la izquierda con respecto al islam. Me equivoqué. Su paso por el Parlament y por el PSC ha sido, en este sentido, decepcionante. Algún día habrá que hacer un balance más frío y riguroso, pero lo cierto es que dio cancha al conservadurismo más recalcitrante de muchos de los marroquís y árabes que viven en Catalunya, no diferenció entre el islam como religión de muchos catalanes del islam político, y siempre se relacionó más cómodamente con la oficialidad de sus países de origen que con su sociedad civil.
La socialdemocracia tiene que ser una alternativa al islam político. No su aliada. Y debe establecer lazos con los partidos de izquierda (haberlos, haylos) que llevan decenios luchando en todos los países amazigs –árabes, árabes y/o musulmanes– para tener una sociedad donde el laicismo sea la norma y donde no se regatee ningún derecho a la mujer, a los homosexuales y a todos los credos religiosos.
Es conveniente recordar también que muchos de los que critican hoy la relación de la izquierda europea con el islam pretenden negar el pan y la sal al islam como religión de muchos europeos. Creo que incluso a nivel estratégico es mejor olvidarnos de nuestras propias filias y fobias (la religión, para mí, es algo totalmente prescindible) y no dar cancha a los radicales que, en un contexto de rechazo generalizado al islam, pueden aparecer como los únicos que no se pliegan ante dicho rechazo.
Psicólogo y escritor.
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