No me gusta hablar y escribir de
lo que no conozco y basarme exclusivamente en lo que leo en la prensa, los
libros, y las redes o del recuerdo y sensaciones de viajes anteriores. Desde
que se produjo la entrada masiva de migrantes del 30 de julio he publicado en
diversos medios en papel y digitales artículos de análisis sobre dicha crisis,
su afectación a la política española y sobre la responsabilidad de las
autoridades o los servicios de inteligencia, sobretodo de la Dirección General de Supervisión del
Territorio (DGST). Además diversas cadenas de televisión y radio me han
entrevistado para exponer mis análisis sobre esta cuestión. Me gusta acudir a
las fuentes conocer y ver en primera persona los conflictos o los procesos
sociales o políticos de los que hablo y evito funcionar como otros colegas que,
por ejemplo, ante lo que ocurre en Ceuta, tras consultar la prensa digital y
leer las últimas entrevistas y publicaciones de expertos como el ex embajador
en Marruecos y ex director del CNI, Jorge Dezcallar, o del periodista Ignacio
Cembrero, haciendo un corta y pega de uno y otro, publican y opinan como si
fuera cosecha propia.
Por ello desde el inicio de la
crisis deseaba viajar a la ciudad autónoma dónde algunas semanas era complicado
conseguir alojamiento en un hotel o los precios de las que quedaban libres eran
desorbitados ya que la mayoría tenían las habitaciones ocupadas por los cuatrocientos
agentes de la Unidades de Intervención Policial y Guardias Civiles desplazados,
además de funcionarios y cargos de distintos ministerios trasladados
temporalmente para las tareas como filiación de los migrantes o del equipo del
ministro Víctor Ángel Torres del llamado Mando Único, agentes del CNI y
periodistas. Finalmente conseguí cuadrar el vuelo a Málaga y estancia en hotel,
desplazándome a Ceuta el pasado domingo día 4.
Ya en el centro, en la peatonal calle
Revellín, tras cruzarme con otros muchos jóvenes marroquíes y algunos
subsaharianos, a medio camino de la sede de Asamblea o Ayuntamiento y la
Delegación del Gobierno, junto a las tiendas de Zara y Mango escucho y observo
como una señora de mediana edad, acompañada de su marido, se cruza con un grupo
de jóvenes que ellos hablan en darija y
alzando la voz les dice “¡Volveros a vuestro país!”, a lo que ellos responden
enfadados, “Nuestro país es España que somos españoles!”, en un castellano perfecto
con acento andaluz lo que desmiente que sean de los que entraron a finales de
julio. “Vosotros españoles no sois…” responde la señora, iniciándose un rifirrafe
dialéctico.
Y es que si algo angustia y mucho
a ese cincuenta por ciento de población ceutí que se define como “cristiana” y
que yo definiría como “ceutíes europeos” o descendientes de españoles de toda
la vida, no es sólo la presencia de grupos de jóvenes que entraron el 30 y 31
de agosto caminando por los barrios españoles o europeos del centro de la
ciudad o que ocupan las playas. Viendo cómo evoluciona la discusión y reproches
entre dicha mujer acompañada de su marido que calla, y los jóvenes, me doy
cuenta que no los ha confundido con marroquíes que entraron a la ciudad hace
dos meses, ya que son jóvenes ceutíes magrebíes de cultura o religión musulmana,
sino que se lo ha dicho mostrando lo que siente. Lo que inquieta de verdad es que
en la calle, también en el centro se escucha más hablar darija o árabe marroquí
que español, algo que constataré los días siguientes. Y a personas como esta,
en el actual contexto que la ciudad ha demostrado su vulnerabilidad tras la
entrada de ochenta mil personas a finales de julio, dicen sin tapujos lo que
piensan, que es que las personas, jóvenes o adultas, descendientes de
marroquíes que obtuvieron la nacionalidad española tras la aprobación de la ley
de extranjería en 1986, pese a tener DNI español y haber nacido en Ceuta, consideran
que son marroquíes.
Durante mi estancia en Ceuta
lloverá los primeros días, por lo que me sentaré a menudo en terrazas cubiertas
a tomar algo, escucharé reiteradas veces de grupos de mujeres españolas de toda
la vida expresar estos temores. En el fondo gran parte de la ciudadanía hispana
europea de Ceuta, alejándose de la idea de la Ceuta de las cuatro culturas y
cuatro religiones de la que presume el presidente Juan Jesús Vivas del PP, los
cristianos, los musulmanes, los hebreos y los hindúes, y del localismo de que
todos los ceutíes, independientemente de su religión “somos caballas”, asume ya
sin tapujos lo que dice Vox. Que todas las personas magrebíes o musulmanas nacidas
en Ceuta, descendientes de marroquíes o marroquíes nacionalizados españoles a
partir de 1986, cuando se otorgó la nacionalidad a miles de ceutíes y melillenses nacidos y residentes en
Ceuta y Melilla que pese a llevar toda su vida en las ciudades autónomas, se
les había negado la nacionalidad española, no sólo son extranjeros, sino que
los consideran la Quinta Columna del enemigo. Un enemigo que acecha con su
mayor natalidad y ataques híbridos como la entrada de ochenta mil personas de
finales de julio, que con el cierre de la aduana comercial, que ha arruinado
muchos negocios, y que ahora pretende echar a los ceutíes y melillenses
españoles de su tierra.
Tengamos presente que al menos un
tercio de la población llamada “cristiana” de Ceuta proceden ellos o sus padres
o abuelos del antiguo protectorado español que tenía la capital en Tetuán, y que
Franco entregó a Marruecos en 1957, o también de Ifni o el Sáhara abandonados
años más tarde. Y esta entrada masiva en el contexto de hostilidad y bloqueo
comercial que a que les somete Marruecos, reaparecen los temores de tener que
abandonar su casa como hicieron ellos de niños o sus padres o abuelos.
Digo que negar la españolidad de
quienes son musulmanes y hablan darija es lo que hace Vox, que es el único
partido que forma sus listas electorales exclusivamente con ciudadanos de origen
y apellidos hispanos. El PP, en cambio, incluye a personas musulmanas y de
otros orígenes en sus listas, siendo concejales-diputados del PP de la Asamblea
o Ayuntamiento y miembros del gobierno de la ciudad que preside Vivas, dos
mujeres musulmanas, Navila Benzimá, que viste occidental y sin velo y Mina
Mohamed, que lleva siempre el hiyab. Además en el gobierno de la ciudad hay una
ceutí hindú, Kissy Chandiramani Ramesh, que preside la consejería de Economía,
Hacienda y Función Pública. Por ello será interesante ver si el único escaño de
diputado en el Congreso por Ceuta y los dos del Senado, que ahora son del PP,
pasarán el 29 de noviembre a ser de Vox. Si el rol de padre benefactor defensor
de los ceutíes que juega el presidente Juan Jesús Vivas, hará del PP siga
siendo la candidatura más votada, o lo sea Vox, que niega la españolidad de los
Mohameds y las Fátimas con DNI español. El PSOE ahora no tiene nada que hacer
ya que dos de los cinco diputados de la Asamblea de Ceuta que obtuvo en las muncipales
y autonómicas de 2023, están ahora en el grupo mixto como no adscritos, la
ejecutiva local fue disuelta, estando el partido gobernado por un gestora, más
allá de las críticas de muchos ceutíes a Pedro Sánchez por haber tardado más de
dos meses en desalojar las playas. Hay otros dos partidos en la Asamblea. El
Movimiento por la Dignidad y Ciudadanía que lidera Fátima Hamed, con tres
diputados, la cual es a la vez vicepresidenta de la Asamblea, sin formar parte
del equipo de gobierno. Y Ceuta Ya de Mohamed Mustafá y Julia Ferreras, al que
luego me referiré.
DESALOJO DEL TRAMPOLÍN
El domingo, tras dejar mis cosas
en el hotel, me fui hacia la playa del Trampolín donde hacía unas horas se
había iniciado el desalojo de los tres mil migrantes, que vivían y dormían en la
misma. Operativo decidido poco después que la Casa Real anunciara que el día 14
los monarcas visitarán Ceuta y que coincidirá con el anuncio de Pedro Sánchez
de adelantar las elecciones. En el operativo de desalojo que participaban 350
policías antidisturbios de las UIP, varios vehículos blindados de la policía y
el ejército, y los buzos de la Guardia Civil con diversas lanchas, además de un
centenar de trabajadores del servicio de limpieza y varias excavadoras,
tractores y camiones que retiraron en 48 horas doscientas toneladas de
residuos.
La estrategia policial consistía en agrupar a los migrantes en grupos de unos dos o trescientos, rodearlos e informarles que debían elegir una de las dos opciones. Ser trasladados al Centro de Atención de Migrantes, CATE, contiguo a la frontera del Tarajal, filiarlos separando a los menores de los adultos e iniciar una solicitud de asilo o protección internacional para los adultos que lo solicitaran. O ser trasladados a la frontera para abandonar España sin ser fichados. Lo relevante de esa cuestión era que se les recordaba que la Unión Europea considera Marruecos como un país seguro, y pese a que se tramitasen su solicitudes de protección internacional y ser ubicados en algún equipamiento, instalación o campamento, de aquí unas semanas o meses la práctica totalidad de solicitudes serían denegadas, por lo que se les abriría un expediente de expulsión al haber entrado irregularmente en España. Expulsión que tal como fija la ley, va acompañada de una prohibición a entrar a la cualquier país de la Unión Europea de 5 o 10 años. Por ello la mayoría de los adultos marroquíes que eran agrupados y rodeados bajo una lluvia intermitente, acababan aceptando ser trasladados en autocares hasta la frontera y regresar a Marruecos. En muchos, como se aprecia en las fotos, se les veía una cara no solo de cansancio, sino de derrota y fracaso vital. El fin d eun viaje que iniciaron engañados. Lástima que Marruecos no esté por hacer autocrítica y preguntarse en voz alta quién les engañó y por qué lo hizo.
Precisamente muchos para evitar esa disyuntiva
escaparon del cerco policial a primera hora hacia las montañas o hacia la
explanada cercana de la antigua fábrica de harina del Guano donde pernoctaban
varios cientos de menores y disponían de duchas, dos comidas al día y conexión
para cargar los móviles. El resumen es que más de la mitad de los adultos que
el domingo se habían despertado en el Trampolín huyeron. La operación concluyó
a mediodía del lunes 5.
Yo esa mañana del lunes fui a la
frontera del Tarajal y en el tiempo que estuve no pasó ningún autocar de
retorno “voluntario” a Marruecos, pero sí algunos que solos o en grupo
retornaban a Marruecos. También rondaban por allí algunos menores que pedían
dinero a los periodistas y transeúntes. Afirmaban dormir en la calle o portales
del barrio contiguo del Príncipe. Hablé con algunos jóvenes que denunciaban haber
sido goleados y pateado por policías o militares españoles, mostrando uno de
ellos el informe médico y sus heridas. También rondaban por allí menores y adultos sin pulsera que deseaban ser
filiados o ser alojados en Loma Colmenar u otros alojamientos, pero todavía no
lo habían conseguido pese haber acudido varias veces a comisaria. Los menores con los que hablé veían el futuro con optimismo. Los mayores de edad que regresaban a Marruecos y los que se resistían a hacerlo de momento, mostraban su decepción tras dos meses en la playa o la calle, pero por ahora aguantaban. Allí en el Tarajal
me pilló la noticia que Pedro Sánchez convocaba elecciones para el 29 de
noviembre. Poco después Alberto Núñez Feijóo anunció que comenzaría la
precampaña el miércoles dia 7 en Ceuta donde se desplazaría.
Volviendo a Marruecos sin ser filiados por la puerta de salida abierta para los que retornan en el Tarajal
Días antes de partir yo hacia
Ceuta solicité entrevistarme con la diputada-concejal de Ceuta Ya, Julia Ferreras,
la que sufrió un intento de linchamiento el domingo 20 de septiembre cuando fue
a recoger con su coche al puerto al activista malagueño Rafael Borrego y la
abogada Sofía Cánovas, que fueron confundidos por un grupo de manifestantes con
los miembros de una ONG navarra a los que calificaban de batasunos y querían
evitar que entraran en Ceuta. También solicité entrevistarme con la
vicepresidente de asamblea y diputada-concejal, Fátima Hamed del Movimiento por
la Dignidad y Ciudadanía que no respondió a mis peticiones. Y Ferreras y el
también diputado Mohamed Mustafá, me citaron a las seis de tarde en su sede en la
confluencia de los barrios del Morro y el de Hadú. De camino a dicha sede me
crucé con muchos jóvenes, unos con pulsera identificativa, otros no, algunos de
los cuales pedían dinero o comida delante de algunos supermercados, mientras otros
se agrupaban en una lavandería self service para lavar su ropa. Pregunté a algunos porqué habían saltado el dia 30 de julio y repondríanpara trabajar, ayudar a la familia y vivir mejor. Eran menores y saben que la ley está de su lado y terminaran en la Península.
La entrevista o mejor dicho
conversación con Mohamed Mustafá y Julia Ferreras fue muy clarificadora, no
sólo para que me ella me explicó lo que ya está ampliamente publicado y
documentado con videos, la agresión la diputada y quien les acompañaban en su
vehículo saliendo del puerto. Agresión que por cierto no como dice Ferreras “no
ha motivado ninguna llamada telefónica de apoyo por parte del presidente Vivas ni
condena pública”. Me interesaba hablar con Ferreras y Mustafá para que me
expusieran la situación social de los barrios ceutíes de mayoría musulmana y conocer
la evolución del espacio político, originado inicialmente con el partido
intercultural Caballas, mote con el
que los andaluces llaman a los ceutíes. Espacio político que se dividió en 2015
cuando la concejal diputada Fátima Hamed Hossain se escindió del mismo para
crear el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía. Formación que pese a
ubicarse inicialmente Fátima Hamed en la órbita de Podemos y las confluencias, en
muchas ocasiones ha actuado como muleta del PP y tal vez por ello ostenta la
vicepresidencia de la Asamblea de la ciudad autónoma.
También hablé con Ferreras y
Mustafá de la difícil situación del PSOE en Ceuta, con tres diputados que
abandonaron el grupo y ahora son no adscritos, y la agrupación local dirigida
por una gestora. Evidentemente hablamos de Vox, que conserva cuatro de los
cinco diputados y está liderado por Juan Sergio Redondo, que no esconde su
opinión de que solo son españoles los ciudadanos llamados cristianos, que yo
prefiero llamar europeos o hispanos, no los de confesión musulmana. Coherentemente
con dicho posicionamiento la única candidatura electoral de Ceuta en que todos
sus miembros de la lista tienen apellidos hispanos o cristianos es Vox. También
conversamos del doble papel que juega el presidente Juan Jesús Vivas, responsable
de la tutela de todos los menores que entraron a la ciudad, pero que se enroca
en que todos deben ser devueltos a Marruecos sabiendo que es imposible, y
obediente a lo que dice Feijóo, rechaza su traslado a la península, a la vez
que reprocha al gobierno central, al Ministerio del Interior y al delegado del
Gobierno cesante, Miguel Pérez Triano, su actuación tanto los días previos a la
entrada masiva, por si había sido o no avisado por el CNI, como su actuación en
la semanas posteriores, no expulsando ni vaciando las playas. Para Ferreras
tanto Vox como el PP exigen que sean devuelto o expulsados todos a Marruecos
sin traslados ni de mujeres ni menores a la península, por lo que no luego
pasan cosas, explica Ferreras como los bloqueos de manifestantes en la calle a camiones
de la Cruz Roja que llevaban alimentos.
Dejando de la lado el ecosistema
político ceutí o la cercanía entre parte de los votantes de Vox y los del PP
—veremos qué ocurre el 29 de noviembre— Mohamed Mustafá y Julia Ferreras me
detallaron la precariedad social y de vivienda que padecen muchos ciudadanos de
Ceuta, sobre todo los de los barrios de mayoría musulmana, ya que pese a que algunos
obtengan ayudas sociales inexistentes en Marruecos como la pensión de
jubilación no contributiva, el Ingreso Mínimo Vital, y el Ingreso Mínimo de
Inserción Social, como me dijo Ferreras “estas abuelas con esos seiscientos
euros posiblemente deben alimentar a cinco nietos”. No vale la afirmación de
que viven mucho mejor que los familiares que puedan tener en Marruecos que no tienen
este paraguas social, ya que el coste de la vida, la vivienda o la cesta de la
compra en Ceuta es mucho más alto que en Marruecos. Pensemos que el comercio,
una de las fuentes de ingresos de Ceuta y Melilla ha caído en picado ya que se
acabó con la exportación por medio de las llamadas porteadoras o mujeres marroquíes
que cruzaban la frontera dos veces al día con productos que recogían en las
naves del Tarajal. Y Marruecos ha bloqueado la apertura de la aduana comercial
para furgonetas y camiones que había de canalizar las exportaciones desde ambas
ciudades a Marruecos. Tampoco entran camiones con frutas, verduras y otros
alimentos desde Marruecos, que llegan
ahora exclusivamente en barco desde la Península. Además explican que ha caído
drásticamente la entrada de turistas marroquíes de clase media alta que iban a
Ceuta a pasar unos días y a comprar y los comercios lo notan. La entrada o
salida de un vehículo por el Tarajal a causa de la lentitud actual de los
agentes fronterizos marroquíes puede tardar horas. “La Unión Europea
externalizó en 2018 el control de fronteras a Marruecos —dice Mustafá—
produciendo este país una asfixia económica a la ciudad al no haberse abierto
la aduana comercial”. El único sector productivo que ha crecido en Ceuta es el
de las empresas de juego online que abandonaron Gibraltar tras el Brexit, que
se han establecido en Ceuta, ya que deben operar dentro de la UE, y Ceuta por
su particularidad impone una baja tributación.
Y volviendo a las elecciones
anticipadas anunciada esa mañana por Sánchez y al hecho que Feijóo anunciara acto
seguido que haría su primer acto de precampaña en Ceuta, según Mustafá, “más
allá de las palabras que dice Vivas sobre un Ceuta de ciudadanos de cuatro
culturas, en la práctica su discurso no se diferencia mucho del de Vox, y más
ahora tras la crisis del 30 de julio que tanto el PP como Vox utilizan Ceuta
como escenario para hundir a Pedro Sánchez”
Tras la conversación con los dos
concejales-diputados doy un largo paseo por el barrio de Hadú de mayoría musulmana
por la Avenida de Regulares y la calle Teniente
Coronel Román Gautier Atienza. Muchas calles llevan nombre de unidades del
ejército o de militares franquistas. Gautier fue el principal conspirador para
que triunfara el golpe militar del 18 de julio de 1936 en Ceuta. Dicha calle es
el verdadero eje comercial popular muy distinto al de las calles del centro
como Revellín o Camoens hasta Millán Astray —otro militar que se sumó al golpe
del 18 de julio—, donde se encuentran Zara, Mango y otras franquicias. Y
mientras anochece camino también por la calle capitán Claudio Vázquez en el
barrio de Sidi Embarek. Aquí como también por la calle Argentina por la que descenderé
hasta el Mercadona, apenas escucho a nadie hablando castellano. El darija o
árabe marroquí es mayoritario. Y en la puerta del hipermercado hay dos soldados
para evitar que jóvenes de los que entraron a finales de julio intenten acceder
a su interior en grupo numeroso al establecimiento. Sí que en este y otros
hipermercados se les permite la entrada si van en grupo de dos o tres. Y
regreso al centro por la Avenida de África. Desaparecen de la calle los jóvenes
con pulsera identificativa ya que están en el cuartel, equipamiento o campamentos
donde duermen que en el que a esa hora va servirse la cena, pero la calle
continua llena de jóvenes sin pulsera y no filiados.
El martes 6 de octubre se levantó
muy lluvioso y realicé el trabajo sociológico e instructivo en Ceuta, de
sentarme en una terraza cubierta del centro entre un grupo de policías antidisturbios
de paisano que libraban y unas señoras ceutíes de mediana de unos sesenta o más
años. Y pese a no tener valor estadístico escucharlas tomándome un café,
resultaba de los más instructivo. Los antidisturbios a diferencia de compañeros
suyos guardia civiles desplazados a Ceuta que habían sido alojados en un
acuartelamiento de la Benemérita en literas, compartiendo un mismo baño veinte
agentes, no se quejaban de las condiciones del hotel donde se alojaban, sino
que vertían críticas hacia el ministro Fernando Grande Marlaska y Pedro
Sánchez, pero sin posicionarse políticamente. Uno de ellos afirmó que estos
días en Ceuta ya había sacado y utilizado la porra dos veces, añadiendo: “Cuando
vuelva a casa me compraré un mapa de España y podré una chincheta allí donde la
he sacado, es que si no, con los años se me olvidará”. La señoras de la otra
mesa maldecían al Delegado de Gobierno dimisionario y a Pedro Sánchez, y mostraban su angustia por
la situación de Ceuta “en la que los españoles vamos acabar siendo una
minoría”. Hablaban bien de Vivas y comentaban la próxima visita del Rey, pero
no decían nada que indicara si su papeleta de 29 de noviembre sería la de
Feijóo o la de Abascal.
REGRESO A BENZÚ
Ese martes cuando amainó la lluvia, me fui en autobús hacia el Guano, el solar costero de la antigua fábrica de harina. Allí el medio millar de jóvenes que había manifestaban a quienes se acercaban que querían ser trasladados a un centro de menores, ya que pese a que un camión les traía comida y corriente para los móviles, dormían al raso. (Serán desalojados del asentamiento el domingo día 11, tres días antes de la llegada de los Reyes)
Guano
El asentamiento de Guano, desalojado el domingo 11
Pero seguí mi camino hasta llegar a Benzú, la otra frontera en el extremo costero, ubicado en el norte, opuesto al Tarajal. Paso fronterizo que hasta 2019 solo estaba abierto a temporadas para vecinos y trabajadores transfronterizos, pero que lleva ya siete años totalmente cerrado. Así que ahora quienes trabajan en el otro lado, desean ver a sus familiares o visitar el cementerio ubicado en lado marroquí de la valla, deben dar una vuelta de veinticinco kilómetros, más allá del problema de la demora si se pretende pasar la frontera marroquí en coche. Se ha hablado mucho de ciudades y pueblos divididos por un muro, como ocurre todavía en Chipre. Pero Benzú-Belyounech es un pueblo divido por una frontera y una alta valla que los vecinos de uno u otro lado no pueden cruzar.
Yebel Musa, Montaña de Moisés de 842 metros de altura, apodada también "La Mujer Muerta" o "La Mujer Dormida"
Deseaba regresar a Benzú no solo
para contemplar la belleza de su costa y sus montañas rasgadas por la doble verja
levantada por España, y por su espigón en la playa similar al del Tarajal.
Deseaba regresar allí ya que fue el lugar donde localicé y entrevisté el 16 de
julio de 2004 a Hamed Abderrahman, alias Hamido, el ceutí que tras ser
capturado por las tropas americanas en Afganistán en 2002, fue internado en Guantánamo
donde estuvo casi dos años.
En ocasiones como periodista y
como viajero uno siente la necesidad de regresar a lugares que visité y me
impactaron por lo que vi, por quien conocí o por lo que me contaron, pese a que
esas personas ya no estarán allí. En
febrero de 2004 fue extraditado de Guantánamo a España siendo encarcelado en Alcalá Meco. El 13 de julio de
2004 al no haber cargo alguno contra él fue liberado por el juez Garzón de la
Audiencia Nacional. Aquella tarde del verano
de 2004 allí en una terraza de Benzú junto al mar, tomando té con menta y
pasteles, me relató su viaje a Afganistán, negándome que hubiera tomado las
armas, y detalló las torturas y abusos que había padecido en Guantánamo y
mostró su agradecimiento al abogado Javier Nart que llevó su caso. Aquella
tarde de 2004 Hamido, conocido como el ceutí de Guantánamo, tras entrevistarle
en Benzú, me invitó a visitar el barrio del Príncipe junto a él en la parte de
atrás del Mercedes en el que había llegado a Benzú. Y mientras me repetía de
camino con poca convicción que no había combatido con los talibanes, que solo había
ido a Kandahar a estudiar el Corán, me habló del islam y los hadices o frases
que se atribuyen al Profeta y justificó el que predica la lapidación de la
mujer adúltera. Al llegar al Príncipe en dicho Mercedes seguido por otros dos
que tocaban el claxon, por las calles cuesta arriba del barrio, al que él había
regresado libre hacía dos días, la gente se paraba y saludaba como un héroe. Publiqué
una de esa entrevista de una página en el diario Avui.
El espigón en Benzú

Ahora deseaba visitar de nuevo
Benzú sin someterme a la pregunta de si debía creer o no la versión que me dijo Hamido. Primero pasé delante de
su bella mezquita y comprobé que el restaurante donde había tomado té y pastas con
Hamido hacia veintidós años continuaba abierto. Había varias patrullas de
Regulares de Ceuta con sus vehículos que no prestaron atención a mi presencia.
Por la calle solo había adolescentes que regresaban en autobús del instituto en
Ceuta y un grupo de jóvenes charlando bajo unos árboles. Atravesé las calles
del pueblo limitado por un muro de alambradas y después bajé hacia la valla donde comienza
el espigón. Y al igual que ocurrió en 2004 de la última torreta, la más
contigua a la playa salió un Guardia Civil que me pidió que no me acercara
tanto, por lo que tras tomar una fotos me retiré. Regresé andando por la
carretera contigua al mar hacia el restaurante y pese a las nubes y la niebla
tomé alguna fotos de la montaña, el Yebel Musa, Montaña de Moisés de 842 metros
de altura, apodada también "La Mujer Muerta" o "La Mujer
Dormida" porque su silueta, vista desde la barriada de Benzú en el lado
español, recuerda al perfil de una mujer tumbada mirando al cielo. Eran las
tres de la tarde y decidí ir al restaurante a comer un tagín en la terraza
junto al mar. Era el único comensal y disfruté del mar, la aroma del pollo con
ciruelas, y el silencio. Cuando ya terminaba llegaron tres hombres que hablan
en castellano, pero no eran policías ni guardia civiles.
LAS MURALLAS DE CEUTA
Al atardecer, de nuevo en la
ciudad, decidí visitar las hermosas murallas de Ceuta. Murallas comenzadas por
Abderrahman III en 957 y terminadas por Al-Hakam II en el 962. Posteriormente los
portugueses las completaron en 1549. Yo era el único visitante al margen de una
pareja que se besaban escondidos en un rincón. Sería un amor mal visto de una
musulmana con un cristiano, me pregunté. Y un empelado de las mismas se ofreció
amablemente a hacerme una explicación, cosa que agradecí. Pero me sorprendió
que utilizaba el término España, cuando esta todavía no existía como tal. Se
refería a la Ceuta portuguesa y la Ceuta española, y a guerras posteriores las
que se vivieron por ejemplo durante la Guerra de Sucesión, en que la Corona de
Aragón de la que formaba parte Cataluña luchaba con los Austrias y los
ingleses, mientras Castilla estaba con los Borbones y Francia. Guerra en que
Ceuta como parte de Castilla padeció el asedio 1694-1727 de Inglaterra y el
Sultán Mulay Ismaíl que intentaron en vano tomar la ciudad.
Al dia siguiente el miércoles,
primer dia sin lluvia, hacía sol, decidí pasear por el centro y tomar algunas
fotos con luz recorriendo sin prisa el eje casi peatonal que va desde la Asamblea
en la Avenida Alcalde Antonio López
Sánchez-Prado, conocida popularmente como la Gran Vía, hasta la calle Camoens,
esquina Millán Astray donde está la modernista Casa de los Dragones. Antonio
López Sánchez Prado que tiene allí junto a la Asamblea su estatua, fue fusilado en septiembre de 1936. Y quienes
impulsaron el golpe militar en Ceuta,
como el Teniente Coronel Teniente
Coronel Román Gautier Atienza e hicieron que lo fusilaran, o quien más apoyó a
Franco para que fuera el líder y caudillo del llamado Alzamiento, Millán Astray
tienen su calle en Ceuta.
Ese miércoles a mediodía quien
aspira a ser el nuevo presidente de España gracias al apoyo de Vox, Alberto
Núñez Feijóo, llegó a Ceuta a realizar el primer acto de precampaña. Acto en el
que Feijóo sembró dudas de la limpieza del voto por correo y pidió que el Ejército
al amparo del artículo 8 de la Constitución se involucre en la defensa de la
integridad territorial de España. El acto se realizó en el Centro Cultural,
Estación del Ferrocarril, ubicado donde se encontraba la estación del tren que
unía la capital del Protectorado español, Tetuán, con Ceuta. El equipamiento conserva
un tramo de vía que ya no va a ninguna parte y una locomotora auténtica que
trajo a muchos de los españoles que abandonaron sus casas en 1958 para
instalarse en Ceuta. Una Ceuta española que muchos creen que está a merced de
Marruecos y temen tener que marcharse.
















