Xavier Rius, El 9 Nou
Xavier Rius Sant periodista
Opinions, anàlisis, informacions i notícies sobre immigració, ultradreta, drets humans, seguretat, gihadisme i política internacional, en aquests temps d’incerteses. També escric sobre el Moianès i política catalana (contacte:xrius1@gmail.com)
Xavier Rius, El 9 Nou
Xavier Rius Sant periodista
No entiendo la que se ha liado en Ripoll por la abstención de los dos concejales del PSC a los que el partido obliga a dimitir por haber permitido con su abstención que Sílvia Orriols apruebe los presupuestos, cuando la conclusión a la que llegaron el PSC y ERC hace poco más de un año, cuando Junts se descolgó en el último momento a sumarse a una moción de censura que iba a dar a los de Puigdemont la alcaldía, fue que más hubiera valido permitir con alguna abstención que se aprobaran las cuentas en Ripoll y evitarse dos meses de culebrón y exposición mediática de Orriols, tras los que las cuentas quedaron aprobadas.
No es lo mismo investir a un presidente o un alcalde ultra o votar leyes que castigan a los inmigrantes o recortan libertades que desencallar con una abstención unos presupuestos municipales, más cuando lo relativo a las ayudas sociales se decide en el consejo comarcal. Y es que si hay una diferencia en España entre la administración local y la de los gobiernos autonómicos o del gobierno central es que los ayuntamientos, si quedan bloqueados al no conseguir aprobar los presupuestos, no pueden disolverse y convocar elecciones.
El alcalde, cuando ve rechazada la aprobación de los presupuestos, tiene un mecanismo para evitar el bloqueo: la moción de confianza vinculada a la aprobación de los presupuestos. Es decir, el alcalde o alcaldesa al que el pleno le rechaza los presupuestos puede plantear una moción de confianza para que el pleno se posicione sobre su continuidad. Y, si la gana, los presupuestos quedan aprobados. Pero si la pierde no queda cesado. Se abre un plazo de un mes para que la oposición plantee una moción de censura con un candidato que tenga el apoyo de la mayoría absoluta. Y, si pasado ese mes no se ha presentado la moción, el alcalde o alcaldesa queda revalidado y los presupuestos aprobados. Así los aprobaron en Barcelona en diversas ocasiones estando en minoría Xavier Trías, Ada Colau y Jaume Collboni, ya que para ser desbancados hubiera sido necesario que partidos antagónicos pactaran candidatos de consenso.
Orriols fue investida alcaldesa en 2023 con solo seis de los diecisiete concejales, al negarse Junts a apoyar un gobierno de coalición que tuviera la mayoría absoluta. Gobernando en minoría en 2024 prorrogó los presupuestos del anterior gobierno de Junts. Y en 2025, al serle rechazados, se arriesgó y presentó la moción de confianza a su continuidad que perdió. Pero tras semanas en que Ripoll y ella misma estuvieron en primera plana de los informativos, cuando Junts, ERC, PSC y la CUP habían pactado ya la moción de censura proponiendo a la concejal de Junts, Maria Soldevila, como alcaldesa, en el último momento Junts se echó atrás. Y, al no formalizarse la moción de censura, Orriols salió victoriosa revalidándose como alcaldesa frente a una oposición dividida, y los presupuestos aprobados.
En aquel momento, en público y privado, concejales de los diversos grupos, también del PSC y ERC, reconocieron que más les hubiera valido ahorrase el culebrón permitiendo con la abstención de algún concejal que se aprobaran los presupuestos.
Eso es lo que decidieron hacer la pasada semana los dos concejales del PSC para no regalarle a Orriols cinco o seis semanas de protagonismo, con el que posiblemente se victimizaría, para acabar alzándose de nuevo como vencedora ante una oposición que es incapaz de unirse para desbancarla.
Ciertamente la presencia de grupos como Vox o Aliança y sus propuestas disruptivas hace difícil la gobernabilidad y el alcance de mayorías. Por activa o por pasiva, la mayoría de partidos han cometido errores.
La CUP, por no desmarcarse de los escraches a carpas y mesas de Vox y Aliança que en ocasiones acaban con violencia y solo refuerzan a dichos partidos.
Junts, asumiendo algunas propuestas de Aliança, pactando en Manresa con el Front Nacional, partido con el que Orriols saltó a la política, o ganándose en Vic a Josep Anglada, que esta legislatura ha sido el comodín fácil para conseguir la mayoría en muchas votaciones, u oponiéndose en 2023 en Ripoll a un gobierno de coalición, con lo que hizo grande a Orriols.
Pero el PSC, desde que la ultraderecha irrumpió en Catalunya a nivel municipal con Josep Anglada, también ha cometido notables errores. Y ahora se ha enredado en su propio cuello con el cordón sanitario.
Xavier Rius Sant, El Triangle 10 de març de 2026
Hace dos meses Ortega acudió a un acto de la Fundación Atenea presidida por Espinosa de los Monteros, y algo que fue considerado por Abascal como un agravio. Puede ser una paradoja, pero incluso los partidos ubicados en el populismo y la extrema derecha necesitan para funcionar y que sus cargos públicos puedan ejercer sus responsabilidades un funcionamiento democrático y unos órganos transparentes de toma de decisiones para evitar que el partido se convierta en algo parecido a una secta.
Vox afirmaba en su manifiesto fundacional que sus cargos orgánicos y las personas que debían encabezar las candidaturas electorales debían ser “elegidas por sufragio universal secreto, acabando así con las listas cerradas elaboradas por la cúpula a espaldas de los afiliados”. Pero después cambió sus estatutos eliminando las primarias para elegir candidatos a las elecciones y también suprimió las votaciones para designar a los presidentes provinciales, siendo ahora todos designados por el Comité de Acción Política formado por cuatro o cinco personas en nombre de la Ejecutiva Nacional.
Ignorándose los estatutos, Vox ha pasado de tener un secretario general y tres vicepresidentes a designar a Ignacio Garriga, que vive en Barcelona y tiene el escaño en el Parlament, como secretario gsecretario general y vicepresidente único. En las últimas asambleas del partido en que se ha renovado el cargo de presidente a Abascal, nadie le ha votado, ya que se modificaron los estatutos exigiendo que quien se postule debe conseguir un número de avales telemáticos imposibles de conseguir para alguien ajeno a la dirección. Y si solo hay un candidato, que siempre es Abascal, queda proclamado automáticamente.
Ahora muchos de los que se marcharon de Vox recuerdan que era el mismo Ortega Smith u otro ex boina verde compañero suyo, el Vicesecretario de Organización, Tomás Fernández Ríos, quien remitía los mails comunicando que habían sido cesados. Por ello, la cosa no va de pugna entre ultraliberales y ex falangistas; va de si Vox es un partido con democracia interna o una organización piramidal y de culto al líder. Ortega Smith de su época de boina verde solía recordar algo que les decía su instructor: que en combate hay que prepararse para resistir, ya que todo es susceptible de empeorar Veremos hasta dónde y cómo está dispuesto a resistir quien fundó el partido.
xxxxxx 676767==00emRG INStRAVL +34 +910001949/ WTS
Xavier Rius Sant, El Punt Avui, dimarts 3 de març de 2026
h
Conversa amb Xavier Gual, L'Estació, Canal Taronja.
Conversa sobre qui és Xavier Rius Sant. Els meus orígens als moviments pacifistes i el Casal de la Pau, els primers llibres, els meus viatges a Bòsnia, Kosovo, el Sàhara o l'Iraq, i els meus llibres analitzant conflictes internacionals i la ultradreta.
Xavier Rius Sant, La Vanguardia lunes 2 de febrero de 2026
La última ronda de las negociaciones de paz para Ucrania volvió a encallarse por la exigencia de Rusia de hacerse con el control de todo el Donbass, incluido ese 20% de Donetsk que no ha conquistado. Ucrania ha dejado claro que no se retirará de ese territorio que conserva gracias al sacrificio de miles de soldados. Zelensky acepta un armisticio manteniendo la línea del frente actual en el Donbass y da por perdido el territorio ocupado en Zaporiyia y Jersón, pero rechaza retirarse de esa parte del Donbass.
Trump presiona a Ucrania para que acepte los términos propuestos por Rusia con la amenaza de retirarle definitivamente el apoyo militar, de inteligencia y tecnológico, con lo que las tropas quedarían ciegas en esta guerra de drones y misiles. Y para conseguir la claudicación de Ucrania, Rusia ha intensificado los ataques a infraestructuras energéticas dejando a millones de personas sin luz ni calefacción.
Si miramos los mapas de estos cuatro años vemos como, sin avanzar Rusia mucho en el Donbass, cuyas milicias separatistas ya controlaban grandes extensiones, se hizo con el control de parte de las regiones de Járkov, Sumy, llegando casi a sitiar la capital, donde las tropas rusas fueron derrotadas. Pero Rusia también atacó en el sur de Mariúpol a Jersón en la costa del Mar Negro, quedándole a Ucrania solo la zona costera de Odesa y parte de Jersón en la desembocadura del Dniéper. Así pues pese a los lentos que son ahora los avances rusos en Donetsk, si Ucrania pierde el apoyo militar y el uso de satélites de Estados Unidos, con la población cansada y padeciendo un frío, no está claro que en el caso que Rusia inicie una ofensiva en el sur para apoderarse de Odesa, Ucrania pueda parar el envite, con lo que perdería su única salida al mar. Así pues se encuentra en la encrucijada que si persiste rechazando las exigencias de Putin sobre Donetsk, continúe la guerra y no sólo pierda más territorio en el Donbass, sino que también Odesa y su única salida al mar.
Comparo el mapa de los frentes de Ucrania con los mapas de Palestina, porque los palestinos con argumentos legítimos como que ellos siempre vivieron allá, rechazaron el Plan de Partición de la ONU que les otorgaba el 50% del territorio. En la primera guerra de 1947 Palestina no sólo perdió más de la mitad de ese 50% que le daba la ONU, sino que cientos de miles de árabes tuvieron que abandonar sus tierras y pueblos. Así se instauró un nuevo mapa, vigente entre 1949 y 1967 con Gaza parcialmente tutelada por Egipto y Cisjordania por Jordania. Pero después con nuevas guerras que perderían los palestinos, Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental fueron ocupadas por Israel que llegó a establecer cerca de cien mil colonos.
Los acuerdos de Oslo fracasaron en parte por el asesinato de Isaac Rabin, la irrupción de la Segunda Intifada y el ascenso de Hamás, ante una OLP inoperante. Y se decía que los palestinos no perdían la oportunidad de perder todas las oportunidades. El mapa de hace tres años era de una Cisjordania cuarteada con muros y puestos de control que junto a Jerusalén Oriental albergaba ya seiscientos mil colonos. Llegaron los Acuerdos de Abraham que daban toda Gaza y menos de un 20 por ciento de una Cisjordania a la futura entidad palestina, que descarrilaron por la ofensiva del 7 de octubre.
Y el mapa actual es ya el de Gaza arrasada y empequeñecida por una nueva franja de seguridad, mientras pueblos y tierras palestinas de Cisjordania son arrasadas cada día por colonos armados. El riesgo que corre Zelensky ahora, si pierde el apoyo de Trump y rechaza el acuerdo es que pese a que Putin no pueda tomar Kyiv, el mapa resultante sea, como ocurre a los palestinos, mucho peor del actual.
Junts ha entrado en pánico. Alcaldes y dirigentes de la formación que dirige desde Waterloo Carles Puigdemont saben que muchos de sus electores darán su voto en las próximas elecciones municipales a Aliança Catalana. Una preocupación que comparten los demás partidos catalanes, ya que las encuestas señalan que, de celebrarse ahora autonómicas, la formación de Silvia Orriols pasaría de 2 a más de 20 diputados. Pero para eso faltan todavía dos años y medio y antes hay elecciones municipales, en las que no sólo Junts sino también ERC y la CUP ven peligrar sus alcaldías por la irrupción de la nueva ultraderecha independentista. ¿Cómo es posible que un partido que en 2023 sólo se presentó en tres municipios ahora se vea como una amenaza que ha provocado que Junts endurezca su discurso sobre la inmigración?
Hasta 2018, España era uno de los pocos países de la Unión Europea en los que la extrema derecha no tenía una presencia significativa en las instituciones. Con una excepción, precisamente en Cataluña, donde Plataforma per Catalunya, el partido de Josep Anglada, obtuvo 67 concejales en 2011, pero fracasó en su intento de dar el salto al Parlament. Una de las causas de su declive fue que el procés desplazó el debate identitario del que se nutre la ultraderecha —si los de fuera son una amenaza para los de aquí— por otro debate también identitario: si los ciudadanos se sentían más españoles o más catalanes, si querían seguir siendo parte de España o vivir en una república independiente.
Aunque fundado en 2013, Vox fracasó electoralmente hasta que Javier Ortega Smith, ahora caído en desgracia dentro de su partido, interpuso diversas querellas contra políticos independentistas, para acabar ejerciendo la acusación en el Supremo, lo que le dio una cuota mediática sin la cual no habría salido de la marginalidad. Vox no dio el salto agitando el miedo a la inmigración ni manifestándose contra el aborto, sino gracias a la visibilidad que obtuvo ejerciendo de acusación contra el independentismo. Una independencia que Puigdemont y Oriol Junqueras mostraban como alcanzable, afirmando que tenían sólidos aliados internacionales y unas estructuras de Estado preparadas para activar la desconexión, incluso si España se negaba a negociar.
Pero el 17 de agosto de 2017, seis semanas antes del referéndum independentista, se produjeron los atentados de la Rambla y Cambrils, ejecutados por un grupo de hijos de inmigrantes marroquíes nacidos o crecidos en Ripoll y captados por un imán del que se publicarán informaciones sobre su condición de confidente de la Guardia Civil y del CNI. Y la evidencia de que unos chicos a los que todo el mundo conocía en Ripoll, hablaban catalán y se consideraban integrados habían cometido esos crímenes monstruosos afectó emocionalmente a la sociedad ripollesa. En dicho contexto se produjo el error de dar voz en la tribuna de la concentración de repulsa por los atentados que se celebró en Ripoll a Hafida Oukabir, hermana de dos miembros de la célula: Moussa, que murió en Cambrils, y Dris, que fue quien alquiló las furgonetas que iban a utilizarse como coches bomba. El 26 de agosto de 2017, ante unas 3.000 personas, la hermana de los dos terroristas hizo un parlamento en el que mostró la radicalización de estos jóvenes como un fracaso de la sociedad ripollesa, más allá de afirmar que el islam condenaba dichas acciones. Acabado el acto, muchas vecinas se abrazaron a ella, llorando y casi pidiéndole perdón, como si la culpa de la radicalización de sus hermanos fuera de los ripolleses. Pero meses después, se filtraron los audios de Hafida en los que hablaba con sus padres, a los que decía que Moussa, como buen musulmán, había seguido la llamada de Alá. Y durante el juicio se difundieron los vídeos de los jóvenes mientras fabricaban explosivos y decían en catalán “os mataremos a todos”. Y Orriols recogió el sentimiento de rabia de muchos ripolleses, quienes pensaban que los partidos y entidades de la localidad habían mostrado más solidaridad con las familias de los terroristas que con las víctimas.
Orriols, mileurista con cuatro hijas y un hijo, había creado el grupo Els Intransigents, que tenía como referente a Daniel Cardona, líder de Estat Catalá, quien afirmaba en los años veinte que “un cráneo de Ávila no será nunca como uno de Plana de Vic” y se enfrentó a Francesc Macià en 1931 porque, tras proclamar la República Catalana, dio marcha atrás y encajó la Generalitat dentro de la República Española.
Orriols sólo obtuvo un escaño de concejal en Ripoll en 2019 pero, cuatro años después, Junts, que gobernaba el municipio, se desplomó. Junts bajó a tres concejales mientras Aliança se convertía en la fuerza más votada, con seis. Aunque Junts rechazó sumarse a un Gobierno de coalición, dijo inicialmente que apoyaría la investidura de un Ejecutivo municipal liderado por ERC, con el PSC y la CUP. Pero finalmente se desdijo y, al no alcanzar la candidata de ERC la mayoría absoluta en el pleno, Orriols obtuvo la alcaldía al ser la fuerza más votada. Ya como alcaldesa, demorando el empadronamiento de inmigrantes o anunciando el castigo a conductas incívicas protagonizadas por foráneos, consiguió una notoriedad amplificada en las redes que se haría viral y de la que no habría gozado si fuese la líder de la oposición municipal.
En la campaña de las elecciones al Parlament de 2024, Orriols desempolvó su segundo argumento: que el procés fue un engaño, ya que Puigdemont, como Macià en 1931, se echó atrás. Y empezó a presentarse como la salvadora de Cataluña, tuiteando que, desde Ripoll, cuna de Cataluña, ella, que nació un 9 de octubre, día en el que el rey Jaume I expulsó a los musulmanes de Valencia liderará la liberación la nación. Y ya desde el Parlament, con intervenciones contundentes que, como cantos de sirena, son virales en las redes, intercala la frustración por la traición de Puigdemont y el rechazo a la inmigración con las críticas al wokismo y al Pacto Verde.
Xavier Rius Sant es periodista y autor de libros como Vox, el retorno de los ultras que nunca se fueron (Akal) y Aliança Catalana. Els nostres ultres (Icaria Editorial).