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dijous, 24 de setembre del 2015

"MAR DE PLÁSTICO", LA OTRA CARA DEL MILAGRO DE LOS INVERNADEROS



Cuando algunas de las series españolas más vistas de la pasada temporada, como El Príncipe o Vis a Vis, no han retomado todavía su emisión, Antena3 estrenó el pasado martes el primer capítulo de "Mar de plástico", ambientada en la población ficticia de Campoamargo que bien podría ser El Ejido u otro municipio crecido a finales de los noventa gracias a los invernaderos en el Poniente almeriense, en los que trabajan miles de inmigrantes, muchos sin papeles, los cuales no disponen una vez acabada su jornada laboral de equipamientos ni alojamientos dignos, y no son bien recibidos en algunos de los bares de la localidad. Ya lo dijo Juan Enciso, el que fue durante veinte años su alcalde: "A las 8 de la mañana todos los inmigrantes son bienvenidos en El Ejido para trabajar en los invernaderos, pero a las siete de la tarde todos sobran y que cojan el autobús y marchen a dormir a otro sitio".
La serie arranca con el asesinato de una joven. Y, como ocurrió en El Ejido en 1997 y en febrero de 2000, grupos de vecinos deciden aplicar la justicia por su mano, apaleando indiscriminadamente a inmigrantes que trabajan y duermen en los invernaderos, y con el intento de quemar vivo a un subsahariano que es salvado por Héctor, que interpreta  Rodolfo Sancho, el mando de la Guardia Civil que acaba de llegar ese mismo día al pueblo, repitiendo así el patrón del agente Javier Morey -Álex González- en El Príncipe. Y así nos encontramos con una trama en la que se mezcla la explotación a los inmigrantes y el dinero negro, celos y pasión amorosa, racismo en múltiples direcciones, policías buenos y no tan buenos y políticos, y funcionarios honestos o corruptos. 
Toda la economía de Campoamargo gira entorno al cacique, Juan Rueda, que interpreta Pedro Casablanc, el cual siguiendo la tradición de muchos propietarios del Poniente almeriense y de los campos de la fresa de Huelva, está casado con una rusa despampanante y caprichosa mucho más joven que él. 
Un papel especial realiza Jesús Castro, descubrimiento estrella de la película El Niño, y que interpreta también un personaje sobrevenido en El Príncipe. Castro en Mar de plástico da vida a Lucas, el novio o ex novio de la joven asesinada, y aparece como uno de los sospechosos del crimen dado que la fallecida se veía ahora con Kaled, un inmigrante subsahariano interpretado por Will Shephard, que no sabemos realmente de qué lado está.
Y si la serie en las primeras escenas muestra ya la realidad del racismo que sienten muchos autóctonos hacia los inmigrantes en general, y muchos magrbíes hacia los subsaharianos, tenemos la joven Guardia Civil, Lola, que encarna la prometedora Nya de La Rubia, que al final del capítulo nos descubre que es gitana. Y así vemos otro racismo y endogamia que algunas corrientes del antirracismo prefieren equivocadamente no criticar, como es el de las comunidades gitanas hacia el resto del mundo y, sobretodo, hacia las mujeres gitanas que deshonrando al clan, se salen del redil. Así persiguiendo Lola a un  sospechoso junto al guapo del agente Héctor en el día de su llegada a Campoamargo, Lola se cruza con sus padres gitanos, y mientras su madre se dirige a ella para criticarla, el padre le dice a la madre: "¡Cállate, que no es bueno hablar con los muertos!"  
La serie, más allá de la corrupción municipal, el papel del cacique que todo lo compra, el racismo y la trama sobre el asesinato, anuncia una tensión amorosa, tal vez triangular, dado que el agente Héctor parece que ha pedido dicha plaza para reencontrase con Marta, ingeniera agrícola, que interpreta Belén López, con malas relaciones con el cacique y la alcaldesa. Marta es viuda de un Guardia Civil fallecido dos años atrás en Afganistán donde servia junto a Héctor.
Así pués tenemos otras serie de gran contenido social que promete abordar realidades hasta ahora incómodas como el racismo, la precariedad de los inmigrantes agrícolas, la dificultad de regularizarse y esa evidencia sociológica de los propietarios agrícolas que pasaron en pocos años de malvivir de exploraciones medianas de secano en Almería, Málaga o Huelva y gracias a la aparición del plástico, los invernaderos y la mano de obra inmigrante, son hoy hombres ricos y poderosos.   

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“MAR DE PLÀSTICO”, L’ALTRA CARA DEL MIRACLE DELS HIVERNACLES

Quan algunes de les sèries espanyoles més vistes de la temporada passada, com El Príncipe o Vis a Vis, no han reprès encara la seva emissió, Antena3 va estrenar dimarts el primer capítol de "Mar de plástico", ambientada a la població fictícia de Campoamargo que bé podria ser El Ejido o un altre municipi crescut a la fi dels noranta gràcies als hivernacles en el Poniente almeriense, en què treballen milers d'immigrants, molts sense papers, els quals no disposen un cop acabada la seva jornada laboral d'equipaments ni allotjaments dignes, i no són ben rebuts en alguns dels bars de la localitat. Ja ho va dir Juan Enciso, el que va ser durant vint anys el seu alcalde: "A les 8 del matí tots els immigrants són benvinguts a El Ejido per treballar en els hivernacles, però a les set de la tarda tots ells sobren i que agafin l'autobús i marxin a dormir a un altre lloc ".
La sèrie arrenca amb l'assassinat d'una jove. I, com va passar a El Ejido el 1997 i al febrer de 2000, grups de veïns decideixen aplicar la justícia pel seu compte, apallissant indiscriminadament immigrants que treballen i dormen en els hivernacles, i amb l'intent de cremar viu a un subsaharià que és salvat per Héctor, que interpreta Rodolfo Sancho, el cap