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dimecres, 29 de juliol del 2026

TRUMP, PUTIN, Y SUS MALOS CONSEJEROS. La Vanguardia


                         

 

Xavier Rius Sant, La Vanguardia, miércoles 29 de julio de 2026

Maquiavelo en su tratado “El Príncipe”, advertía sobre los peligros de la corte: “No hay otra manera de protegerse contra las adulaciones que hacerle entender a los hombres que no te ofenden al decirte la verdad”. Tanto Putin como Trump están atrapados en Ucrania e Irán en unas guerras que iniciaron convencidos que ganarían en pocos días por su corte de aduladores, tras desprenderse de aquellos que podían contradecirles y tal vez sí decían la verdad.

Putin, prisionero de uno de los errores que llevó a la URSS al colapso, inició hace más de cuatro años la “Operación Especial” de Ucrania, convencido que no duraría más de una semana, con el objetivo de recuperar la gloria que perdió la URSS en 1991. Ciertamente influyeron en la caída de la URSS la derrota en Afganistán y la imposibilidad de incrementar el gasto militar para hacer frente a la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica de Ronald Reagan. Pero antes de eso la URSS estaba condenada al desastre económico al construirse sobre la base del pánico al líder que condenaba a un gulag o eliminaba a quienes se atrevían a contradecirle, en una Unión Soviética que se sostenía sobre grandes mentira.

A modo de ejemplo, la gran mentira sobre la producción de algodón. Fue Stalin quien ordenó multiplicar la producción de algodón que se recolectaba en Uzbequistán y Turkmenistán. Se sustituyó el algodón autóctono por variedades foráneas, se acabó con la producción de frutas, verduras y cereales, mientras se convertían zonas áridas en campos de algodón que se regaban con nuevos canales que arrebataban agua a los ríos Sir Daria y Amu Daria. Canales hechos en terreno arenoso que no evitaban la filtración de agua, con lo que la mayor parte de la misma se perdía. Los primeros años el experimento funcionó, pero los campos de algodón demandaban más agua y más fertilizantes químicos. Los fertilizantes se filtraban en la capa freática y desertizaban otras zonas. El mar de Aral se fue secando acabando con la producción pesquera, minimizándolo los ingenieros agrónomos con el argumento de que el Caspio y el Aral se comunicaban freáticamente y cíclicamente uno crecía en detrimento del otro. La producción de algodón caía, mientras los dirigentes falsificaban los resultados de cada cosecha, en una mentira colectiva que iba desde los koljoses productores, a los máximos funcionarios y directivos de las fábricas textiles que, en dicho régimen de mentira colectiva, se corrompían con más y más sobornos para sostener el engaño. A mediados de los ochenta el Politburó de Moscú decidió investigar el llamado “caso del algodón” y cuatro mil miembros del partido y tres mil policías, fueron condenados. Pero ya era tarde para revertir la muerte del Aral, recuperar la industria pesquera y retornar al cultivo de frutas y cereales.

Vladímir Putin, antiguo miembro del KGB, aplicó desde el primer día los métodos autocráticos, eliminando primero políticamente a quienes le cuestionaban o podían ganarle en las urnas. Después, como hemos visto estos últimos diez años, muchos oligarcas, ex ministros o periodistas que se atrevían a cuestionar decisiones eran encarcelados o fallecían cayendo de un octavo piso, accidentes en la ducha o infecciones súbitas. Y Putin se lanzó a invadir Ucrania sin prever ni la resistencia de los ucranianos ni su capacidad de fabricar nuevas armas como los drones que ahora acechan Moscú, infraestructuras de comunicaciones o energéticas y a la misma flota.

Donald Trump, por su parte, está ahora encallado en Ormuz tras haber cesado a buena parte de la cúpula militar y de inteligencia y rodearse de aduladores y personajes como Steve Witkoff y Jared Kushner que mezclan diplomacia y negocios personales sin esconderlo. Si bien el peor consejero de Trump fue el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu, que le hizo creer que el régimen de los ayatolás caería o se plegaría a su voluntad, como el venezolano. Y con Ormuz cerrado y amenazándose de cerrar el estrecho de Bab el Madeb en el Mar Rojo, no pone sólo en peligro la economía de los Estados Unidos, sino la del mundo entero. Puede que Putin pueda permitirse quedar unos años más atrapado en Ucrania, pero el mundo no puede permitirse alargar más el cierre de Ormuz.   

                 


  

dimecres, 15 d’abril del 2026

NUDO CORREDIZO EN RIPOLL. La Vanguardia, El PSC se ahoga con su cordón sanitario

 


Xavier Rius Sant, La Vanguardia 15 de abril de 2026

No entiendo la que se ha liado en Ripoll por la abstención de los dos concejales del PSC a los que el partido obliga a dimitir por haber permitido con su abstención que Sílvia Orriols apruebe los presupuestos, cuando la conclusión a la que llegaron el PSC y ERC hace poco más de un año, cuando Junts se descolgó en el último momento a sumarse a una moción de censura que iba a dar a los de Puigdemont la alcaldía, fue que más hubiera valido permitir con alguna abstención que se aprobaran las cuentas en Ripoll y evitarse dos meses de culebrón y exposición mediática de Orriols, tras los que las cuentas quedaron aprobadas.

No es lo mismo investir a un presidente o un alcalde ultra o votar leyes que castigan a los inmigrantes o recortan libertades que desencallar con una abstención unos presupuestos municipales, más cuando lo relativo a las ayudas sociales se decide en el consejo comarcal. Y es que si hay una diferencia en España entre la administración local y la de los gobiernos autonómicos o del gobierno central es que los ayuntamientos, si quedan bloqueados al no conseguir aprobar los presupuestos, no pueden disolverse y convocar elecciones. 

El alcalde, cuando ve rechazada la aprobación de los presupuestos, tiene un mecanismo para evitar el bloqueo: la moción de confianza vinculada a la aprobación de los presupuestos. Es decir, el alcalde o alcaldesa al que el pleno le rechaza los presupuestos puede plantear una moción de confianza para que el pleno se posicione sobre su continuidad. Y, si la gana, los presupuestos quedan aprobados. Pero si la pierde no queda cesado. Se abre un plazo de un mes para que la oposición plantee una moción de censura con un candidato que tenga el apoyo de la mayoría absoluta. Y, si pasado ese mes no se ha presentado la moción, el alcalde o alcaldesa queda revalidado y los presupuestos aprobados. Así los aprobaron en Barcelona en diversas ocasiones estando en minoría Xavier Trías, Ada Colau y Jaume Collboni, ya que para ser desbancados hubiera sido necesario que partidos antagónicos pactaran candidatos de consenso.

Varios ediles reconocían el año pasado que más les hubiera valido una abstención para que se aprobaran los presupuestos

Orriols fue investida alcaldesa en 2023 con solo seis de los diecisiete concejales, al negarse Junts a apoyar un gobierno de coalición que tuviera la mayoría absoluta. Gobernando en minoría en 2024 prorrogó los presupuestos del anterior gobierno de Junts. Y en 2025, al serle rechazados, se arriesgó y presentó la moción de confianza a su continuidad que perdió. Pero tras semanas en que Ripoll y ella misma estuvieron en primera plana de los informativos, cuando Junts, ERC, PSC y la CUP habían pactado ya la moción de censura proponiendo a la concejal de Junts, Maria Soldevila, como alcaldesa, en el último momento Junts se echó atrás. Y, al no formalizarse la moción de censura, Orriols salió victoriosa revalidándose como alcaldesa frente a una oposición dividida, y los presupuestos aprobados. 

En aquel momento, en público y privado, concejales de los diversos grupos, también del PSC y ERC, reconocieron que más les hubiera valido ahorrase el culebrón permitiendo con la abstención de algún concejal que se aprobaran los presupuestos.

Eso es lo que decidieron hacer la pasada semana los dos concejales del PSC para no regalarle a Orriols cinco o seis semanas de protagonismo, con el que posiblemente se victimizaría, para acabar alzándose de nuevo como vencedora ante una oposición que es incapaz de unirse para desbancarla. 

Ciertamente la presencia de grupos como Vox o Aliança y sus propuestas disruptivas hace difícil la gobernabilidad y el alcance de mayorías. Por activa o por pasiva, la mayoría de partidos han cometido errores. 

La CUP, por no desmarcarse de los escraches a carpas y mesas de Vox y Aliança que en ocasiones acaban con violencia y solo refuerzan a dichos partidos. 

Junts, asumiendo algunas propuestas de Aliança, pactando en Manresa con el Front Nacional, partido con el que Orriols saltó a la política, o ganándose en Vic a Josep Anglada, que esta legislatura ha sido el comodín fácil para conseguir la mayoría en muchas votaciones, u oponiéndose en 2023 en Ripoll a un gobierno de coalición, con lo que hizo grande a Orriols. 

Pero el PSC, desde que la ultraderecha irrumpió en Catalunya a nivel municipal con Josep Anglada, también ha cometido notables errores. Y ahora se ha enredado en su propio cuello con el cordón sanitario.

                          

divendres, 6 de març del 2026

ORTEGA SMITH, EL PURGADOR PURGADO. La Vanguardia




Ahora es Javier Ortega Smith quien, como Espinosa de los Monteros o Macarena Olona, tras estar en primera línea en Vox, ha sido apartado. Mientras Espinosa, Olona y tantos otros se fueron —digamos voluntariamente— tras ser ninguneados, Ortega está dando batalla y formalmente ya ha sido expulsado del partido al negarse a acatar su cese como portavoz en el ayuntamiento de Madrid. Por el mismo camino va José Ángel Antelo, líder de Vox en Murcia.

Pero, a diferencia de tantos otros que dieron la batalla por perdida, Ortega, desde la autoridad moral de ser el fundador del partido y quien, gracias a ejercer la acusación ante el independentismo que culminó en su papel en el juicio del Supremo, dio al partido la cuota de telediario que lo sacó de la irrelevancia, se ha negado a acatar su destitución y continúa con su escaño en el Congreso y en el Ayuntamiento de Madrid, donde otros dos concejales le apoyan.

Ortega hizo el servicio militar en la COE 13, los boinas verdes, donde forjó amistad con diversos compañeros que le acompañarán después, tanto en la Fundación Denaes como en Vox. Entre estos boinas verdes destacan Ignacio Ansaldo, entonces propietario de una empresa de jardinería, Julio Utrilla, directivo de una empresa de seguridad, y Gonzalo Padrón, directivo de una inmobiliaria. Había quienes se referían a ellos como “los jardineros”. Y se decía que de su trabajo, por ejemplo de servicios de vigilancia en urbanizaciones, aportaron fondos para Denaes y para la creación de Vox.

Incluso los partidos ubicados en la extrema derecha necesitan un funcionamiento democrático para evitar convertirse en una secta

Cuando en noviembre de 2013 Abascal, Ortega Smith y Vidal Quadras acuerdan crear Vox con vistas a presentarse a las elecciones europeas de 2014, para evitar que el gobierno de Mariano Rajoy intentase retardar su inscripción demorando los trámites para que no llegara a tiempo a dichos comicios si descubrían que Vox era la marca de disidentes del PP, Ortega encomendó a Ansaldo, Utrilla y Padrón ser quienes formalizaran el acta notarial de fundación del partido que se remitió al Registro de Partido del Ministerio del Interior, que dio por legalizada la formación el 17 de diciembre de 2013, constando Ansaldo como presidente de Vox. Y Ansaldo, ahora concejal de Vox en Madrid, se mantiene fiel a Ortega junto con la también concejal Carla Toscano. 

Hace dos meses Ortega acudió a un acto de la Fundación Atenea presidida por Espinosa de los Monteros, y algo que fue considerado por Abascal como un agravio. Puede ser una paradoja, pero incluso los partidos ubicados en el populismo y la extrema derecha necesitan para funcionar y que sus cargos públicos puedan ejercer sus responsabilidades un funcionamiento democrático y unos órganos transparentes de toma de decisiones para evitar que el partido se convierta en algo parecido a una secta. 

Vox afirmaba en su manifiesto fundacional que sus cargos orgánicos y las personas que debían encabezar las candidaturas electorales debían ser “elegidas por sufragio universal secreto, acabando así con las listas cerradas elaboradas por la cúpula a espaldas de los afiliados”. Pero después cambió sus estatutos eliminando las primarias para elegir candidatos a las elecciones y también suprimió las votaciones para designar a los presidentes provinciales, siendo ahora todos designados por el Comité de Acción Política formado por cuatro o cinco personas en nombre de la Ejecutiva Nacional. 

Ignorándose los estatutos, Vox ha pasado de tener un secretario general y tres vicepresidentes a designar a Ignacio Garriga, que vive en Barcelona y tiene el escaño en el Parlament, como secretario gsecretario general y vicepresidente único. En las últimas asambleas del partido en que se ha renovado el cargo de presidente a Abascal, nadie le ha votado, ya que se modificaron los estatutos exigiendo que quien se postule debe conseguir un número de avales telemáticos imposibles de conseguir para alguien ajeno a la dirección. Y si solo hay un candidato, que siempre es Abascal, queda proclamado automáticamente. 

Ahora muchos de los que se marcharon de Vox recuerdan que era el mismo Ortega Smith u otro ex boina verde compañero suyo, el Vicesecretario de Organización, Tomás Fernández Ríos, quien remitía los mails comunicando que habían sido cesados. Por ello, la cosa no va de pugna entre ultraliberales y ex falangistas; va de si Vox es un partido con democracia interna o una organización piramidal y de culto al líder. Ortega Smith de su época de boina verde solía recordar algo que les decía su instructor: que en combate hay que prepararse para resistir, ya que todo es susceptible de empeorar Veremos hasta dónde y cómo está dispuesto a resistir quien fundó el partido.

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dimecres, 5 de novembre del 2025

Junts, sin hacer autocrítica, teme a Aliança Catalana. La Vanguardia

 

La Vanguardia, miércoles 5 de noviembre de 2025

Xavier Rius Sant, periodista

Junts a un año y medio de las elecciones municipales siente la fuga de muchos de sus votantes hacia Aliança Catalana, y comprueba encuesta tras encuentra que, de realizarse elecciones catalanas, la formación de Sílvia Orriols podría alcanzarle o superarle. Y ha decidido retirar el apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez, para marcar perfil. Y las encuestas coinciden que el notable incremento de Aliança en el Parlament no perjudicará a Vox que también crecerá.

Hasta 2018 España era una de los pocos estados de la Unión Europea en el que la ultraderecha no tenía representación. Y se afirmaba que aquí la sociedad no tenía arraigado el sentimiento xenófobo, ni el miedo a perder la propia identidad, como ocurría en otros países. Así después de los atentados de marzo del 2004 afortunadamente no se asedió ninguna mezquita. Vox no hizo el salto clamando contra el aborto, ni colocando banderas españolas en Gibraltar. Lo dio interponiendo querellas contra los líderes del procés y ejerciendo de acusación en el Tribunal Supremo, ganándose una cuota de Telediario que le abrió la puerta primero en Andalucía en diciembre del 2018 y en el Congreso en abril del 2019. No fue el miedo a la pérdida de indentidad producida por la inmigración lo que le facilitó entrar en el Congreso, sino el dolor identitario que provocaba el temor a la ruptura de España.

No sabemos cuál sería el presente si Mariano Rajoy en lugar de aplicar el artículo 155 y mandar a los antidisturbios a Catalunya el 1 de octubre, no se hubiera dado por enterado como hizo el gobierno de Italia en 1997, cuando cinco millones de personas votaron la independencia de la Padania sin que nadie fuera apaleado ni encarcelado. No sé si los líderes de la Liga Norte presentaron entonces la independencia como algo irrevocable, pero sí que Junqueras y Puigdemont daban por segura la desconexión unilateral de España, argumentando falsedades como que el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos la amparaba, cuando el mismo se redactó refiriéndose a los territorios coloniales. O que el dictamen de 2010 de la Corte Internacional de Justicia sobre la declaración de independencia de Kosovo, avalaba que Catalunya hiciera lo propio. Algo falso ya que dicho dictamen dejó claro que a petición de la Asamblea General de la ONU analizaba si la votación de la declaración de independencia de Kosovo vulneraba o no el derecho internacional, pero no se pronunciaba sobre su ejecución ni si tenía derecho a la independencia, ya nadie se lo había requerido.

Junts con Esquerra afrontan las consecuencias de no haber conseguido algo que decían que estaba al alcance de la mano, sin hacer autocrítica. Y si Vox se dio el salto sacudiendo el miedo que España se rompía, Aliança Catalana surgió agitando en Ripoll el impacto emocional por unos jóvenes de la localidad perpetraran los atentados, pero sumó un segundo elemento, la falta de determinación de Puigdemont y Junqueras en cumplir lo prometido. Junts ahora no puede mantener el argumentario de una independencia a tocar, pero sí puede romper con el PSOE. Y lo hace para intentar acallar un desencanto que capitaliza Orriols. Y a la vez asume a medias algunos de las propuestas de Orriols, por ejemplo la de negar pisos de protección oficial y ciertas ayudas a quienes lleven menos de diez años empadronados en un municipio. Algo que perjudicaría también a los jóvenes autóctonos que intentan establecerse en un municipio distinto del que crecieron. 

Propuesta que rechazó el pleno de la Diputación de Barcelona el pasado jueves y no es más que una mala copia de la que proponen Vox y Aliança de excluir de las ayudas y pisos de protección oficial a los extranjeros. Y evidentemente los votantes que compartan dicha idea, entre el original y la copia, siempre elegirán al primero.

Clica para leer en La Vanguardia 


dimecres, 24 de setembre del 2025

EL ASCENSO DE ALIANÇA y VOX. Analitzo en La vanguardia la ecuesta de que augura un subida de 2 a 19 escaños a Aliança

 

Xavier Rius Sant, La Vanguardia 24 de septiembre de 2025

La encuesta publicada por La Vanguardia que pronostica un espectacular ascenso de Aliança Catalana, que pasaría de dos a diecinueve escaños, y una subida de Vox que pasaría de once a dieciséis, confirma la tendencia de lo que ha ocurrido los últimos años en muchos otros estados de la Unión Europea en los que ha ultraderecha euroescéptica y xenófoba ha ascendido vertiginosamente llegando a gobernar en algunos países. 

Si Vox dio el salto a partir de las elecciones andaluzas de diciembre de 2018, para consolidarse en noviembre de 2019 como la tercera fuerza política, no fue por clamar contra la inmigración, ni por manifestarse contra el aborto, sino por sus acción judicial contra el procés ganando un protagonismo y cuota televisiva que tuvo su momento más álgido ejerciendo la acusación en el Tribunal Supremo. 

Aliança en cambio, que surgió de la candidatura local encabezada por Sílvia Orriols en 2019, recogió el malestar de parte de la ciudadanía de Ripoll tras los atentados perpetrados por unos jóvenes de origen marroquí a los que se consideraba integrados. La gestión que se hizo tras los mismos con el acto de repulsa en Ripoll en el que intervino la hermana de dos miembros de la célula, en el que se dio la percepción que Ripoll mostraba más su solidaridad con las familias de los terroristas que con las propias víctimas, supo ser rentabilizado por Orriols. Después Junts se equivocó permitiendo que se hiciera con la alcaldía y le dio una visibilidad que le abrió la puerta al Parlament.

Pasado el procés Vox necesita agitar el miedo a la inmigración que guste o no seguirá llegando y asentándose con o sin papeles dada la caída de la natalidad. Y las expulsiones masivas que proponen Abascal y Orriols son inviables técnica y jurídicamente como le ha ocurrido a Meloni en Italia. Aliança en cambio todavía puede crecer mucho a costa del procés, argumentando la supuesta cobardía de sus líderes y como voto de castigo a Junts, ERC y la CUP. 

Es de la autocensura que impone el 'wokismo' de dónde se alimenta la ultraderecha, más allá del miedo a la inmigración

Pero si las dos ultraderechas crecen y se ganan la simpatía de muchos jóvenes es también porque solo la ultraderecha monopoliza el rechazo a otras cuestiones como ciertos discursos de género que muchos jóvenes varones sienten que les criminaliza injustamente, al entender que debería calificarse sencillamente violencia machista lo que ahora se denomina violencia de género, o muchas chicas y mujeres que discrepan de determinados aspectos de la ley Trans, y si lo expresan en voz alta son censuradas o canceladas. 

Hace unos días La Vanguardia entrevistaba al corresponsal de guerra y escritor David Rieff, nada sospechoso de simpatizar con la ultraderecha con motivo de su último libro relativo a la ortodoxia moralista, en el que afirmaba que “El wokismo es una guerra contra la gran cultura europea”. Rieff, como también lo hacen tres mujeres de origen marroquí crecidas en Catalunya, Mimunt Hamido, Najat el Hachmi o Hanan Serrouk, lamentan que la izquierda calle o sea cómplice de la islamización y la pérdida de libertades que padecen las hijas de inmigrantes musulmanes, creándose lo que denominan “contracomunidades”. 

Lamentan que las izquierdas defiendan que casi todos podamos ser bisexuales o transexuales, pero callan ante la persecución que sufren por parte de su entorno aquellas mujeres hijas de musulmanes que en Europa, por ejemplo, osen mantener una relación con un no musulmán, o a expresar en público que han abandonado el islam. 

Rieff explica que el “wokismo” con la cancelación y criminalización de ciertos debates, ha sustituido la política tradicional, impidiendo que se pueda hablar de todo. Y es de esta autocensura que crece, de dónde se alimenta la ultraderecha, más allá del miedo a la inmigración o del “España se rompe” o “España nos mata” del que se han nutrido y se nutren Vox y Aliança.

Leer el artículo en La Vanguardia




divendres, 11 d’abril del 2025

"AVUI A RIPOLL", Article de Joan Esculies a La Vanguardia

 



Joan Esculies, La Vanguardia, viernes 11 de abril de 2025

Veremos como acaba el día en Ripoll. Esta tarde, Xavier Rius Sant presenta Aliança Catalana: els nostres ultres en la biblioteca local. Hace unos días, mientras los redactores de Vilaweb entrevistaban al periodista en un bar de esa población coincidieron con la alcaldesa y colaboradores. Alguno increpó a Rius, acusándole de mentiroso y dedicándole una peineta. A la extrema derecha independentista no le ha caído nada bien que les tilde de “secta” ni que Sílvia Orriols se considere una “ungida”.

Ripoll se ha convertido en el epicentro para explicar el fenómeno sociopolítico del votante ultraderechista igual que Detroit lo es para enmarcar el fin del sueño americano y dibujar la desesperanza del votante trumpista. Es lógico y legítimo que los simpatizantes de Orriols se sientan asqueados de ser observados como especies de laboratorio. Y también lo es que aquellos que no lo son lamenten que su población se mente de forma recurrente para hablar de este tema, en vez de hacerlo sobre su espectacular monasterio.

Rius ha tratado de exponer la aparición del fenómeno ultra en el seno del catalanismo

Con crudeza, Rius ha tratado de exponer la aparición del fenómeno ultra en el seno del catalanismo. Se ha topado, según nos cuenta, con la negativa de algunas editoriales a publicar su trabajo. Unas, que pretendían que dibujara a los autores de los atentados de la Rambla como víctimas del racismo y del sistema. Otras, que no querían que se dijera que Aliança y Vox son “hijos bastardos del procés”. Los reparos editoriales evidencian la gran dificultad que tenemos para escrutarnos a nosotros mismos. Una cosa es analizar las banlieues francesas, la campiña inglesa o el cinturón de acero norteamericano, pero otra muy distinta los fenómenos que se dan en nuestros barrios.

En su libro, Rius se centra en recorrer la formación ideológica de Aliança Catalana y de su líder desde el planteamiento inicial anticastellano hasta el antimagrebí a través de discursos e intervenciones en el pleno municipal, así como en buscar referentes en el separatismo extremo de los años treinta, como Daniel Cardona y su concepción de la traición de Francesc Macià al aceptar la Generalitat en vez de mantener la República Catalana en abril de 1931. Un paralelo con Carles Puigdemont y su renuncia a mantener la declaración de independencia.

La novedad editorial de Rius se añade a la que hace unos meses presentó Xavier Torrens. En Salvar Catalunya. La gestació del nacionalpopulisme català se analizan los rasgos de la formación para buscar puntos en común con otros partidos del mundo populista. En sus pasajes más interesantes, el profesor presenta el perfil social de diferentes miembros de Aliança Catalana que ayudan a comprender el aluvión de experiencias personales que acaba desembocando en la organización. Y esta es la cuestión, porque lo fácil y reconfortante es estigmatizar, pero para comprender es esencial ahondar en el mecanismo de actuación diario del nacionalismo, la etnicidad, los agravios reales e imaginados y el terreno de las percepciones. Veremos cómo acaba el día en Ripoll.

Llegeix en català a La Vanguardia


                                     


                  

dijous, 13 de març del 2025

Öcalan, renunciar a las armas para avanzar. La Vanguardia



Xavier Rius Sant, La Vanguardia, jueves 13 de marzo de 2025

Una característica de muchos de los grupos insurgentes que nacieron los años setenta es que sus líderes no supieron analizar el nuevo paradigma que se dio tras el fin de la Guerra Fría, por lo que la mayoría bien acabaron siendo aniquilados, bien como es el caso de algunas guerrillas latinoamericanas atrapadas en bucle acción represión, en el disfraz de cárteles de la droga cuyo único objetivo era perpetuarse. Y los dos únicos grupos insurgentes y terroristas que estos últimos años se han hecho con el poder en el país que combatían, han sido las antiguas franquicias de Al Qaeda en Afganistán y Siria, totalmente antagónicas a movimientos inicialmente marxista leninistas como el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, PKK. Su líder, Abdullah Öcalan, desde la cárcel en la que cumple su cadena perpetua, pidió el pasado 27 de febrero a sus miembros tras 40 años de lucha y más de 40.000 muertos, el abandono de las armas y su disolución para continuar la lucha desde la vía social y política.

El pasado septiembre estuve en la zona oriental del Kurdistán turco y comprobé con mis propios ojos el muro de cemento y sistemas electrónicos construido por Turquía en la frontera con Irán. Muro pagado en parte con fondos europeos con la justificación que detendrá los flujos de migrantes, sobre todo afganos, pero que hace todavía más difíciles las incursiones y ataques del PKK. Además, las carreteras de esa región entre la ciudad de Van y el monte Ararat, están repletas de controles militares con sus check-points que son fáciles de cruzar cuando la situación está tranquila, pero que cuando se convocan protestas por parte de las organizaciones kurdas son bloqueados, registrándose todos los vehículos o interrumpiendo durante unas horas la circulación, dificultando el acceso al trabajo y la actividad agrícola e industrial. Militarización y restricciones impuestas en todo el Kurdistán turco al margen de los bombardeos que padecen por parte del ejército las zonas rurales o urbanas en la que se detecta actividad del PKK. Y pese a que candidaturas pro kurdas se hacen democráticamente con las alcaldías de buena parte de los pueblos y ciudades del Kurdistán turco, muchos alcaldes son destituidos acusados de simpatizar con el terrorismo. La existencia del PKK como guerrilla era la excusa perfecta para reprimir a toda la sociedad kurda e impedir sus derechos civiles.

Es evidente que Öcalan ha analizado los cambios habidos en el Kurdistan sirio tras la caída de Al Assad

Es evidente que Öcalan ha analizado los cambios habidos en el Kurdistan sirio tras la caída de Al Assad. El ejército turco y las milicias islamistas han continuado atacando la zona kurda de Rojava, con tropas turcas instaladas en dos franjas de territorio sirio al este y al oeste de Kobane, capital del Kurdistan sirio. Y Turquía justifica la ocupación y el mantenimiento de las hostilidades argumentando que las milicias kurdas del YPG son aliadas del PKK de Öcalan. Por si fuera poco, las tropas estadounidenses que, tras combatir con los kurdos al Estados Islámico ahora les dan una cierta protección, probablemente serán retiradas por Trump.
El pasado lunes el comandante de la Fuerzas Democráticas Sirias, y de la milicias kurdas, YPG, Mazlum Abdi, acordó con el presidente interino de Siria, Ahmed el Sharaa la integración de estas fuerzas en el ejército sirio, a la vez que la administración kurda se disolverá para integrase en la del Estado sirio. Se daba ahora la paradoja que Turquía y las milicias islamistas controlan dos franjas de territorio sirio de mayoría kurda al este y oeste de Kobane, mientras las Fuerzas de Defensa Siria y las YPG controlan un amplio territorio al sur y al este de mayoría árabe en el que la milicia kurda custodia a miles de ex combatientes del Estado Islámico, lo que significaba un gran coste.
Por ello que, si el PKK se disuelve y entrega las armas a la vez que la administración kurda de Kobane se integra en la de Siria, Turquía perderá la justificación para ocupar parte del Kurdistán sirio y continuar sometiendo a un estado de excepción al Kurdistán turco. Por otro lado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, precisa de los votos de los 60 diputados del DEM pro-kurdo para aprobar la reforma constitucional que le permitiría aspirar a un cuarto mandato. Y además, si el PKK se disuelve, Erdogan evita que el régimen de Teherán, que ha perdido su capacidad de influencia en Gaza y Líbano, tenga la tentación de armar ahora los kurdos y usarlos para desestabilizar. Así las cosas, para los kurdos de Turquía, dejar las armas, si va acompañado de una amnistía o rebaja de las condenas para los presos, incluido Öcalan, y se garantiza que los alcaldes kurdos puedan gobernar sus municipios, es la mejor de las opciones.




dissabte, 21 de desembre del 2024

MAI EN VEU ALTA. Explico a La Vanguardia a partir d'un acudit la repressió que es vivia a Síria i expresso els meus dubtes sobre la voluntat democratitzadora de les noves autoritats islamistes

                                  


Xavier Rius Sant, periodista. La Vanguardia, dissabte 21 de desembre de 2024

 Un chiste que explican palestinos y libaneses dice así: un periodista europeo que esperando para embarcar en un aeropuerto coincide con un palestino, un libanés, un sirio y un israelí, les pregunta: “Disculpen, ¿me podrían dar su opinión sobre el último acuerdo de paz?”. El palestino responde: “¿Paz?, ¿qué es paz?”. El libanés pregunta: “¿Acuerdo?, ¿qué es un acuerdo?”. El sirio dice: “¿Opinión?, ¿qué es dar tu opinión?”. Y por último el israelí pregunta: “¿Disculpen?, ¿qué significa disculpen?”.

Mientras que cualquiera que sigue la actualidad del Próximo Oriente podría comprender la ironía de la reacción del palestino, el libanés y el israelí, no pasa lo mismo con la del sirio. Dado que, pese a la brutalidad de la guerra civil y la dictadura, existía la idea de que, a pesar de tener un régimen autocrático como otros de la región, en Siria y en la culta Damasco, donde nunca han de dejado de sonar las campanas de las iglesias y se podía ver a mujeres sin velo y a personas de ambos sexos tomando alcohol, se respiraba una libertad ausente en la mayoría de países de la región. Pero la realidad, como insinúa el chiste, para los ciudadanos sirios, sometidos al control estricto de la policía política y su red de confidentes, es que mostrar en voz alta una opinión crítica con el régimen significaba acabar en alguna de las cárceles y centros de tortura. Centros que estos días vemos en las crónicas y describe Helena Pelicano en La Vanguardia , en los que la mayoría que entraban nunca salían. En Damasco se podía beber alcohol y las mujeres podían ir sin velo, pero la más mínima crítica al régimen en voz alta podía causar la muerte tras días de tortura.

La brutalidad siria era una evidencia: expresar una opinión crítica significaba ir a la cárcel y ser torturado o asesinado

En cambio sí parece un chiste que, tras el cónclave diplomático del pasado sábado en Jordania, Arabia Saudí, Qatar, Bahréin, y Egipto, junto a los representantes de la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y Turquía, soliciten que el gobierno provisional liderado por la antigua franquicia de Al Qaeda redacte una Constitución inclusiva y convoque elecciones, cuando ni en las monarquías petroleras ni en Egipto se convocan elecciones, o si se convocan, el resultado ya se sabe de antemano. Ninguno de los países que despertaron en el 2011 con las llamadas primaveras árabes es ahora una democracia, ni siquiera Túnez, donde el presidente Kais Saied hace dos años disolvió el Parlamento. Por paradójico que sea, dejando de lado Jordania, los dos únicos estados árabes que podrían calificarse de democráticos y con una separación de poderes vigente son Líbano e Irak, si bien ambos son prisioneros del comunitarismo de su Constitución, que obliga a repartir el poder y las instituciones basándose en cuotas étnico-religiosas heredadas de la guerra. Y además ambos países, sobretodo Líbano, desde hace dos años sin presidente y con un Gobierno en funciones, sufren la interferencia de las disputas de las potencias vecinas. La causa principal del bloqueo político que padecen las instituciones de Irak y sobretodo Líbano se debe a ser campo de batalla entre el eje chiita, liderado por Irán, y el sunita, liderado por Arabia Saudí. Y los que ahora han ganado en Siria y derrotado a los alauíes chiitas de El Asad son sunitas, pero deben la victoria a Turquía, que vuelve a ser la potencia regional como en los tiempos otomanos antes que Francia e Inglaterra trazaran las nuevas fronteras. Y es que la duda que acecha sobre Siria es si El Yulani pretende pilotar una transición democrática o si, por el contrario, como sus antiguos hermanos los talibanes, una vez en el poder en Kabul, impondrá de nuevo un régimen de terror.

         


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dimarts, 15 d’octubre del 2024

IMMIGRACIÓ, ULTRES i ETA, Article a La Vanguardia sobre la sintonia entre Vox i Aliança Catalana al Parlament, i com el PP torna a posar ETA al centre del debat polític

                                         
  
 



La Vanguardia, martes 15 de octubbre de 2024
Xavier Rius Sant, periodista

El pasado miércoles, mientras arrancaba en el Parlament el debate de política general en el que Sílvia Orriols abocó la culpabilidad de casi todos los males sobre los inmigrantes, el Congreso de los Diputados iniciaba un debate solicitado por el PP para hablar de inmigración. Y a la misma hora, en Estrasburgo, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, exponía sus prioridades para el semestre en que preside la Unión. Propuestas que van en dirección contraria a los acuerdos comunitarios en cuestiones como inmigración o Ucrania. Y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que pertenece al mismo grupo que el PP de Feijóo, rebatió las propuestas del premier húngaro. Para Orbán, como para Abascal y Orriols, la causa de la inmigración que llega a Europa no son unas guerras y una miseria similar a la que empujó hace un siglo a millones de europeos a emigrar, sino un plan de poderes ocultos para destruirnos.

Hasta cinco años se decía que España era uan excepción, al ser uno de los pocos estados de la Unión Europea en que la ultraderecha no tenía representación. Y se decía que el sentiminesto xenófobo estaba menos arraigado que en otros países de nuetro entorno. Ciertamente, Vox no irrumpió en el 2019 con el no la inmigración, sino sacudiendo otro sentimiento identitario: “España se rompe”, con Ortega Smith ganándose su cuota de telediario, ejerciendo de acusación en los tribunales. Recordemos que Vox surgió en el 2014 de exdirigentes del PP como Abascal o Vidal-Quadras que acusaban a Rajoy de no defender la unidad de España y someterse a supuestas concesiones que Zapatero habría pactado con ETA. Y tras el gol que se metió el PP en la votación sobre convalidación del tiempo de prisión cumplido por etarras en otros países, Feijóo convirtió la sesión solicitada para hablar de inmigración y un reparto de menores que el PP rechaza en un ataque al Gobierno, al que acusa de claudicar ante ETA. Y es que sobreactúa, ya que lo que le preocupa a Feijóo es la amenaza de Abascal de tumbarle los presupuestos en las comunidades que gobierna gracias a Vox.el Parlament de Catalunya, en cambio, Vox no se mostró distante con Aliança, pese a que quiera romper España. Aliança se negó a votar a favor propuestas de Vox cuyo contenido dijo que asumía por estar redactadas en castellano. En cambio, Vox sí votó cuatro propuestas de resolución de Aliança. Aliança Catalana y Vox, más allá de su rechazo a la inmigración, tienen una característica propia de la extrema derecha más autoritaria: el caudillaje de su líder, que puede tomar decisiones que desconciertan a la militancia sin que sean cuestionadas. Así, el pasado 18 de agosto, el Ayuntamiento de Ripoll inauguró un monumento de homenaje a las víctimas de los atentados del 2017 al que Orriols invitó a asistir a los responsables de la Guardia Civil y la Policía Nacional en el Ripollès, cuerpos que aceptaron acudir pese a que Orriols da verosimilitud a las teorías conspiranoicas sobre el papel de la Policía Nacional y el CNI por su relación con el imán de Ripoll. Y para sorpresa de muchos, tanto la alcaldesa como el resto de los concejales de Aliança aplaudieron efusivamente a los agentes mientras realizaban la ofrenda. Vox también tiene funcionamiento autocrático, como vimos el miércoles cuando Abascal se desprendió de Rocío Monasterio, o en julio, cuando ordenó que dimitieran los consejeros y todos los cargos de Vox de las seis comunidades en las que gobernaba con el PP y dejó en la estacada al centenar de militantes que sólo hace año dejaron sus empleos para asumir un cargo público.
                                                    











Dimecres, mentre arrencava al Parlament el debat de política general en què Sílvia Orriols va abocar la culpabilitat de gairebé tots els mals als immigrants, el Congrés dels Diputats començava un debat sol·licitat pel PP per parlar d’immigració. I a la mateixa hora a Estrasburg, el primer ministre hongarès, Viktor Orbán, exposava les seves prioritats per al semestre en què presideix la Unió. Propostes que van en direcció contrària als acords comunitaris en qüestions com la immigració i Ucraïna. I la presidenta de la Comissió, Ursula von der Leyen, que pertany al mateix grup que el PP de Feijóo, va rebatre les propostes del premier hongarès. Per Orbán, com per Abascal i Orriols, la causa de la immigració que arriba a Europa no són unes guerres ni una misèria semblant a la que va empènyer fa un segle milions d’europeus a emigrar, sinó un pla de poders ocults per destruir-nos

Fins fa cinc anys es deia que Espanya era una excepció perquè és un dels pocs estats de la Unió on la ultradreta no tenia representació. I s’afirmava que el sentiment xenòfob estava menys arrelat que en altres països del nostre entorn. Certament, Vox no va irrompre el 2019 amb el no la immigració, sinó sacsejant un altre sentiment identitari: “ Espanya es trenca”, amb Ortega Smith guanyant-se la seva quota de telenotícies i exercint d’acusació als tribunals. Recordem que Vox va sorgir el 2014 d’exdirigents del PP com Abascal i Vidal-Quadras que acusaven Rajoy de no defensar la unitat d’ Espanya i sotmetre’s a suposades concessions que Zapatero hauria pactat amb ETA. I després del gol que es va marcar el PP en la votació sobre convalidació del temps de presó complert per etarres en altres països, Feijóo va convertir la sessió sol·licitada per parlar d’immigració i un repartiment de menors que el PP rebutja en un atac al Govern central, a qui acusa de claudicar davant ETA. I sobreactua, ja que el que amoïna Feijóo és l’amenaça d’ Abascal de tombar-li els pressupostos a les comunitats que governa gràcies a Vox.

Al Parlament de Catalunya, en canvi, Vox no es va mostrar distant amb Aliança, encara que vulgui trencar Espanya. Aliança es va negar a votar a favor propostes de Vox, el contingut de les quals va dir que assumia, perquè estaven redactades en castellà. En canvi, Vox sí que va votar quatre propostes de resolució d’ Aliança. Aliança Catalana i Vox, més enllà del rebuig de la immigració, tenen una característica pròpia de l’extrema dreta més autoritària. El lideratge del seu líder, que pot prendre decisions que desconcerten la militància sense que siguin qüestionades. Així, el 18 d’agost l’Ajuntament de Ripoll va inaugurar un monument d’homenatge a les víctimes dels atemptats del 2017 a què Orriols va convidar a assistir els res­ponsables de la Guàrdia Civil i la Policia Nacional al Ripollès, cossos que van acceptar anar-hi, malgrat que Orriols dona versemblança a les teories conspira­noiques sobre el paper de la Policia Nacional i el CNI per la seva relació amb l’imam de Ripoll. I, per a sorpresa de molts, tant l’alcaldessa com la resta de regidors d’ Aliança van aplaudir efusivament els agents mentre feien l’ofrena. Vox també té funcionament autocràtic, com vam veure dimecres, quan Abascal es va desprendre de Rocío Monasterio, o al juliol, quan va ordenar que dimitissin els consellers i tots els càrrecs de Vox de les sis comunitats on governava amb el PP, i va deixar a l’estacada el centenar de militants que només fa any van deixar la feina per assumir un càrrec públic


dissabte, 8 de juliol del 2023

La nova ultradreta. Publico a La Vanguardia sobre Ripoll i Aliança Catalana

 

              



Decía Francesc Marc Álvaro en estas páginas el pasado día 15 que la victoria de Aliança Catalana en Ripoll era una pedrada al concepto de “Catalunya, un sol poble” sobre el que se alcanzó un consenso a finales de los 70 por personas y partidos de ideologías diferentes como Jordi Pujol, Paco Candel o el influyente PSUC. Gracias a este consenso se implantó la inmersión lingüística sin más oposición que la del abogado Esteban Gómez Rovira y su joven ayudante, Juan José Aizcorbe, el ahora diputado de Vox. Alianza Popular, pese a no compartir plenamente la política lingüística, no hizo oposición a la misma. Sí batalló el Partido Socialista de Andalucía que en 1980 obtuvo dos escaños en el Parlament, consiguiendo representación en los que consideraba su novena provincia. Pero no fue hasta la irrupción de Ciudadanos en el 2006 que se erigiría una fuerza política que se opondría al consenso lingüístico. Y lanzó ese órdago que recogería más tarde Vox de que en España no hay igualdad ya que se discrimina a los funcionarios al exigirles saber catalán y que en las escuelas se castiga a los niños que hablan español.

Con un fuerte incremento de la inmigración extranjera, estando vigentes leyes que hacían difícil la llegada con papeles, Cataluña fue pionera con la creación en Comisiones Obreras del Centre de Información per Treballadors Estrangers, el CITE, que luego los otros sindicatos extendieron en toda España. Se deseaba evitar que, ocurriera como en Francia, que parte de los obreros comunistas habían abrazado las ideas de Le Pen. A la vez surgieron numerosas asociaciones de extranjeros que intentaban suplir las deficiencias de las oficinas de extranjería de los gobiernos civiles y de las políticas de acogida de los ayuntamientos. Pero se normalizaron discursos hablando la comunidad marroquí, la comunidad rumana o la comunidad ecuatoriana. Como si en las aulas o los bloques de viviendas hubiera personas de la comunidad normal, y otras de comunidades ajenas. Además en demasiadas ocasiones los partidos actuaron de manera clientelar con dichas asociaciones o erigían líderes no elegidos como representantes de las personas de determinadas nacionalidades. Y sobre todo en algunos municipios medianos o pequeños los ayuntamientos equivocadamente encumbraban como interlocutores de los inmigrantes de origen marroquí a los responsables de la mezquita, cuyo máximo interés era evitar que las chicas quisieran salir de la burbuja, es decir autodeterminarse como personas, vestir como quisieran y amar a quien les diera la gana, indistintamente de si era o no musulmán.

 Se decía que la ultraderecha no arraigaba en España porque no hay sentimiento xenófobo como el que hay en otros países. Como vimos tras los atentados de 11 de marzo de 2004 no se produjeron acciones de represalia contra ciudadanos musulmanes. Y Vox no irrumpió por su rechazo a la inmigración, sino por rentabilizar el rechazo al procés. Pero ahora en Ripoll sobre el dolor por los atentados realizados por jóvenes que habían crecido allí y un imán que desde la mezquita llamaba a matar infieles, ha emergido Aliança Catalana, que combina el rechazo a inmigración la islámica con el independentismo resentido por una supuesta falta de determinación de sus líderes. Pero mientras agitar la contradicciones de quienes auguraban una independencia exprés no levanta muros, verter presunción de culpabilidad hacia los ciudadanos musulmanes, no soluciona problemas pero agranda la desconfianza. Esperemos que lo primero no sirva para justificar lo segundo.